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miércoles, 12 diciembre 2018
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URGENTE

Honores a la alcaldesa mayor

La Virgen de la Capilla recorre la ciudad en una procesión multitudinaria
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Asu feria le dicen “chica”, pero su procesión es grande. Y eso que 2018 no es año jubilar. Da gusto abrir las puertas de la basílica de San Ildefonso y que los aledaños de su plaza estén a rebosar, y así los encuentra la Virgen de la Capilla en su día grande, cuando la ciudad se puebla de tantos chirris y pastiras que convierte en estrafalario el traje o el vestido. ¡Qué aromas de siempre a la orilla del templo!

Son las siete de la tarde y, dentro, se reza y se la mira a los ojos. Va coronada —por patrona y por Reina de la capital— y, por si fuese poco título, el bastón de mando de alcaldesa mayor deja claro que quien flota sobre rosas blancas y un canasto plateado que parece de líquido es la Señora de Jaén. Un manto azul noche —como llaman los toreros a ese elegante marino— le recorre su mínima estatura... Es el que, allá por la década de los 60 del pasado siglo le regaló Pedro Pareja, con el escudo del Colegio de Ingenieros bordado sobre el terciopelo. ¡Sí, qué pequeña esta Virgen para la inmensidad de devoción que procura!

Hermosísima, con un Niño Jesús entre sus brazos cuyos mofletes hacen las delicias de la chiquillería durante la procesión, ve la patrona levantarse la cruz parroquial con manga y los ciriales, los pendones cofrades de Pasión y de Gloria, ve cómo la preceden sus pastiras, sus chirris, que derrochan aristocracia popular, hondura entrañable en sus indumentos. El gallardete del Rosario, la presidencia de ex hermanos mayores —Juan Carlos Escobedo y Antonio Carrascosa—; el pregonero de este año, José Galián; Manuel López Pegalajar, director de la Academia Bibliográfica Mariana; luego, el charol y los galones de la Guardia Civil —con su comandante jefe provincial, Luis Ortega— y las policías Local y Nacional.

La Agrupación de Cofradías, con el pregonero de la Semana Santa en su fila, Juan Francisco Ramírez, y los miembros de la Corporación Municipal, con Javier Márquez, el alcalde, al frente, satisfecho, un año más, en la comitiva: “Es una satisfacción, esta es una fecha muy especial para Jaén y para el barrio de San Ildefonso”, dice el regidor.

En los primeros compases del cortejo, la Agrupación Musical Arroquia Martínez, de Jódar, avisa, con sones propicios, de que la Virgen de la Capilla está a un paso. Estandartes, faroles... y una veintena de mantillas tocadas de blanco roto y marfil. Cierra la Sociedad Filarmónica jiennense, que suena a gloria.

Cuarenta y un minutos después de las siete de la tarde, se levanta su trono, que eso es su paso, una bellísima jamuga que, por donde pasa, deja perfume a cielo: “Siento mucha emoción”, dice Antonio Camacho, horquillero de la Señora con un cuarto de siglo bajo los varales. Muy cerca de la Madre de Dios va la hermana mayor de la cofradía, Úrsula Colmenero, flanqueada por el deán y vicario general de la Diócesis, Francisco Juan Martínez, y el canónigo José López Chica. El cuerpo de Policía Local es, hoy, su escolta.

“Despacio, no levantéis todavía, despacio...”. Es la voz experta de Félix Ramírez, fabricano de la Virgen, que la saca a la calle sobre los hombros de los suyos sin que ni una mota de piedra del dintel de la basílica le roce la corona. “¡Viva la Virgen de la Capilla, viva la patrona de Jaén!”. Lloran los ojos y llora el frontón neoclásico del templo: los primeros, lágrimas; el segundo, pétalos. “Madre de la Capilla Coronada”, de Juan Rafael Vílchez, acompaña el paso de los horquilleros, que se la llevan, calle Ancha arriba, desandando la ruta del descenso. Más pétalos en la antigua Maestra del Arrabal, donde este año hay quórum, de tanta gente como la aguarda. Allí está la decana de la Pasión, La Veracruz, cetros en mano, para rendirle honores en la puerta de su casa de hermandad.

“Te prefiero sin varales, entrando en la calle Almenas, solo por ver como sales...”, cuánta poesía. Y es que verla adentrarse en la estrechura de esos dos palacios, que enmarcan el dosel catedralicio, es para morirse de emoción —la gente lo sabe, y no se pierde ese giro, ese zigzag maravilloso, por más que el incienso conquiste las gargantas y más de uno tenga que buscar el alivio del aire para respirar y no perderse detalle—. Así se va hacia la Plaza de Santa María con la procesión ya estirada, este año larguísima, preciosa. ¡Qué bonito, qué inenarrable contemplarla ante la Catedral mientras la mecen al son de “Angustias Madre”, bellísima partitura de Carlos Cerveró que, por más Pasión que rezuma, parece el himno suyo, el del maestro Milagro. Ella delante del Ayuntamiento, que “preside” perpetuamente, y la cabeza de procesión en la esquina de “Bernabé Soriano” con “Ignacio Figueroa”. ¡Qué tarde más de Jaén!

emoción sin fronteras

retransmisión. Diario JAÉN, a través de su página web, emitió en directo la salida y gran parte del recorrido de la procesión. Unos instantes que llevaron la emoción no solo a los internautas jiennenses que apostarón por el “balcón” del periódico para ver el cortejo, sino para quienes, desde la distancia, se sintieron más cerca que nunca de la patrona. “Ke bonita, lo estoy viendo desde Sabadell”, escribió una hija de Jaén desde tierras catalanas. Más lejos, en Guatemala, la Virgen consoló la nostalgia de Norma Alvarado.