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URGENTE

Cocido “mareao”
o ropa vieja

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04/12/2016

El cocido mareado es una receta típica de Jaén y muy reconocida en la cocina de aprovechamiento. En casa de mi abuela se preparaba un puchero de cocido bien grande, de donde salían cuatro platos deliciosos: cocido, sopa (con pan, fideos o arroz), croquetas y ropa vieja. Es un plato de origen sefardí (“handrajos”), en castellano se llama “andrajos” o, lo que es lo mismo, “ropa vieja” porque el aspecto de su carne es de jirones, guiñapos, harapos o trapos rasgados. Algunos documentos explican que fueron los inmigrantes canarios quienes llevaron este plato a Cuba. Hoy en día, también es un plato popular en los países del Caribe. Una leyenda cuenta que debe su nombre a que un pobre señor que no tenía nada que darle de comer a sus hijos, cocinó unas ropas viejas para cenar. Otra, que un hombre vendió su ropa vieja para dar de comer a su familia, pues no ganaba suficiente en el trabajo. Y se llama cocido “mareao” por utilizar restos del cocido que se prepara dando vueltas en una sartén.

Elaboración

INGREDIENTES.

Sobras de cocido (del día anterior o congelado), una cabeza de ajos, 1 tomate maduro rallado, aceite de oliva virgen extra (AOVE).

PREPARACIÓN.

Es un plato fácil de preparar. Y te saca de apuros un día de prisas. Pelar los ajos y cortar en rodajas. Freír en una sartén con aceite de oliva. Cuando estén dorados, añadir el tomate rallado y hervir diez minutos. Incorporar el cocido y, con el mazo del mortero, machacar un poco los garbanzos, la patata y la carne. Verter un poco del caldo y remover. Cocer diez minutos más. Servir bien caliente, acompañado de pan para mojar y un buen vino tinto joven.

Consejo: en algunas ocasiones, prueba a prescindir del tomate. El sabor es igual de sorprendente. Podéis encontrar esta receta de diferentes maneras. En casa, la preparamos con bastantes ajos. Pero es común encontrarla con cebolla, pimientos fritos, chorizos de matanza o huevos fritos. Todas estas diferentes recetas coinciden en que era un plato de aprovechamiento, ya que no se podía desperdiciar nada. Nuestra cocina tradicional fue tomando aquellas recetas iniciales, pero fueron evolucionando hasta encontrarnos hoy con algunos ingredientes impensables antes del siglo XVII.