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Isla Mayor

BUENA DIGESTIÓN. “Aquellos arrozales son como un inmenso y lujoso pegote en el bajo vientre de Andalucía”
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04/12/2016

Por el río abajo”, así llegamos hasta Isla Mayor un grupo de amigos. Recordé el libro clandestino de Alfonso Grosso, nuestro particular Zola andaluz (jornalerismo y denuncia), que tituló de esta manera tan sencilla como expresiva su experiencia por aquellos páramos en la pobreza de los años sesenta del pasado siglo. Pero nuestro viaje no tiene el propósito de asombrarse con la luz de la pobreza del bracero y el cielo más cegador del sur del mundo proyectado sobre los arrozales. Viajamos para tocar con las manos el asombro que nos hicieron vivir hace años las imágenes captadas por el helicóptero de Juan Lebrón y comer arroz con pato de la marisma. O eso creíamos.

Al terminar el almuerzo, casi los últimos en levantarnos del restaurante el Estero de Isla Mayor, algo pesados pero satisfechos, y con la lengua de la emoción inundada por el disfrute de una mesa que fue un descubrimiento en gran parte, el dueño del local nos detiene con una pregunta: “Así que son de Valencia”. “Sí, la mayoría somos de allí”. “Mi mujer también, de Sollana; aunque ella ya nació aquí, pero sus padres vinieron de lo que llaman La Albufera”. “¿De Sollana dices? Pues yo soy de Sueca, ¡que casualidad!”. “Aquí la mayoría proceden de aquella parte: Sueca, Catarroja, el Palmar...”. “Ya me parecía a mí, esto me recuerda todo a mi tierra, menos el misterio que transmite”.

Aquellos arrozales son como un inmenso y lujoso pegote en el bajo vientre de Andalucía. Nada tiene que ver con su historia y paisajes eternos, y le quedan centenares de años para que se les considere parte de la memoria del sur. Pero están encastrados en el límite mismo de Doñana y beben del Guadalquivir, ¡cualquiera dice que no son Andalucía!

Desde un suave lomero, al borde mismo de los arrozales desmochados y pardos en este tiempo, en esta época del año, la vista se te agota sobre la inmensa planicie de agua y linderos de tierra que separan propiedades y abren caminos.

“Esto no parece Andalucía, es una Albufera a lo bestia”. Treinta mil hectáreas prestas para la siembra de arroz “es demasiada paella” para que se la coma el andaluz tan excéptico y brillante como el que puebla la baja Andalucía. Porque el andaluz jamás había imaginado que podría parecerse a los chinos, y esos paisajes (aún) nos los tiene por suyos.

Quizás por ello Grosso buscaba en Isla Mayor y la finca de la ínsula Mínima pruebas de la barbarie en los años sesenta, la prensa, documentos de la opresión obrera en los ochenta y hoy el director de cine Alberto Rodríguez los paisajes para dar a luz una película asombrosa llamada “Isla Mínima”.

Sí, hasta Isla Mayor —5.000 habitantes, 5 restaurantes y 5 estrellas a la resistencia— llegan personas todavía con las emociones bajo control atentas a la sorpresa y también abiertos al beso que esconde lo desconocido. ¿Qué se puede esperar de una tierra que hace setenta años era un páramo infinito, hace medio siglo la empresa que labraba una cuerda larguísima de presos republicanos pronto levantada por la mano de 900 agricultores valencianos (junto a sus familias)?: Misterio, solo misterio con todas las trazas del dolor y la epopeya humana: otra historia más de pioneros pobres arrastrados por la ambición (y el látigo) de los señores e impelidos por su propia hambre.

El dueño del restaurante escucha agradecido las loas que otorgamos a su pato con arroz, el brío de los camarones y el aliño inmemorial de su picadillo. Le aseguramos que volveremos, y así será porque nunca nos olvidaremos de la margen del Guadalquivir más asombrosa.

“¿Y cómo se llevan con los valencianos?”. “Antes muy mal: ellos por un lado y los sevillanos por otro. Pero eso cambió y nos entendemos bien. Aunque ahora que les hablo de esto, hasta hace poco tiempo estuve intrigado con algo que decía mi suegro en su lengua: “Em cago en la figa del dimoni verd”. Sospeché durante años que era algo muy suyo y misterioso, y aún hoy hay días que lo pienso. Ustedes que son de allí: ¿me pueden decir qué significa?”.