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jueves, 13 diciembre 2018
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URGENTE

Fueron años difíciles. Muchos aún no sabían como reaccionar o comportares y otros, simplemente, lo veían como algo “decorativo” en los cuarteles. Esta semana se cumplió el 30 aniversario de la aprobación de la ley que permitió la incorporación de la mujer en la Guardia Civil y que llevó a que 197 mujeres se convirtieran en las primeras agentes de la Benemérita de la historia de España tras su paso por la Academia de Baeza.

1988 fue un año revolucionario para el cuerpo. Al fin, los sueños de muchas mujeres españolas podrían cumplirse. Con el decreto aprobado, podrían vestir el verde de la Benemérita y el tricornio. Y no solo esto. La ley prometía igualdad entre ambos sexos para acceder a las pruebas y les garantizaba la progresión de carrera con las mismas condiciones a sus compañeros hombres. En ese año, hubo un total de 2.917 mujeres aspirantes para el Cuerpo, pero solo 197 de ellas pasaron el examen. Entre ellas estuvo Ana Belén García Fernández, quien entró en la academia con 21 años y confiesa que los primeros momentos allí fueron “muy malos” por la calor y los intensos horarios. Sin embargo, afirma que pronto se adaptó al ritmo y continuó el curso llena de ilusión. Comenta que, desde el primer día, nunca tuvieron problemas con sus compañeros varones, aunque dice que la mayoría no sabía muy bien cómo tratarlas. “Estaban un poco perdidos”, bromea. “Las cosas han cambiado mucho desde entonces”, dice García Fernández, quien asegura: “Ahora ya estamos incluidas, prácticamente, en todas las centrales, menos en algunas que no es que no nos dejen, es porque las pruebas físicas son muy duras. Solo habrá casos muy puntuales en los que no se acepte a una mujer, porque estamos integradas totalmente y ya se ve como algo normal, no como antes, que una mujer guardia civil era algo impactante”. El primer destino al que fue enviada fue la Comandancia de Toledo y cuenta que, un día, fueron a patrullar a un pueblo muy pequeñito, y, cuando vieron que era una mujer Guardia Civil la que fue a patrullar, se llenó la plaza de curiosos. Otro día, García Fernández estaba en la puerta de Comandancia y, allí, recuerda que había gente que nos decía que eran “maniquíes”, que las ponían ahí para que los demás las viesen.

Un año después de Ana Belén García Fernández, pasó por la Academia de Baeza María del Carmen Carbajal Fernández, quien pertenece a la 95 promoción de guardias civiles de esta institución y a la segunda de mujeres españolas del Cuerpo. Confiesa que, para ella, los años han pasado muy deprisa desde que terminó su formación. “Recuerdo mi paso por la academia con cariño. Fue un tiempo difícil, porque es verdad que éramos poquitas y, entre otras cosas, no nos dejaban hacer algunas cosas. Pero era lo típico de la época, otra mentalidad, y esto, por suerte, ha cambiado mucho”, declara. Entre algunos de los problemas que tuvo que enfrentar por su género fue que había algunas mujeres que no querían que sus maridos patrullasen de noche con ella. Sin embargo, había suficiente hombres a los que su pareja no le importaba esta condición. Por lo que, al final, siempre la ponían con los mismos. En las primeras patrullas Carbajal Fernández señala que siempre eran tres: dos hombres y ella, sobre lo que comenta: “Pensarían que, si pasaba algo, quizás, no daríamos la talla. No se daban cuenta de que nosotras estábamos igual de preparadas que ellos”. Así, sostiene que tuvieron que pasar por muchas situaciones llenas de machismo en estos primeros años e insiste: “Antes te veían como una mujer, no como a una Guardia Civil. De hecho, te decían que eras una mujer vestida de Guardia Civil”.

Aunque no todos fueron iguales. María del Carmen Carbajal Fernández detalla que, en su primer destino, que fue en Barcelona, estuvo bajo las órdenes de un sargento que era un hombre “avanzado en su tiempo”. “No me sentí discriminada por este hombre, porque siempre contó conmigo. Él sabía que era una guardia femenina y me aprovechó para lo que era: una agente”. En todos sus años como guardia, confiesa que no fue fácil romper con los estereotipos, sobre todo, los que había en la sociedad. Entre las anécdotas que vivió en sus primeros años, recuerda que hubo un choque de un turismo con un camión y los conductores estaban peleándose. Y, cuando llegaron ella y compañero y ambos conductores pararon porque se quedaron ambos mirándola sorprendidos de que fuera una mujer. Y no fue la única que sufrió momentos como este. Relata que una compañera le contó que, hace solo unos años, cerca de Badajoz, unos guardias, entre los que había una mujer, se acercaron a un ambulatorio, ya que había un hombre en actitud agresiva, quien les dijo que les iba a partir la cara a todos, menos a ella porque era una mujer. “En los tiempos que estamos todavía y la mentalidad que hay...”, se resigna Carbajal Fernández.

Una buena amiga suya, María del Pilar Cascales Lázaro, cuyos padres son de Linares, también pertenece a la segunda promoción de mujeres que salió de la Academia de Baeza. Como las dos guardias anteriores, también afirma que sus primeros momentos en la academia fueron difíciles. “Los recuerdo con mucha ilusión, porque yo me preparé con muchísimas ganas de acceder. Fueron 9 meses fuera de mi casa, que yo no había salido nunca todavía de allí. Pero, al final, lo conseguimos, porque con ilusión todo se puede”, manifiesta. Asimismo, remarca que, al ser de las primeras promociones de mujeres, era normal que todo fuera un poco más difícil para ellas, sus compañeros e, incluso, para los propios ciudadanos. “Solo hay que mirar 30 años atrás, nadie estaba acostumbrado a esto y las instalaciones tampoco estaban adaptadas”, destaca. Así, ejemplifica como, en su primer destino, que fue la Compañía en Palacio Real, la cual era de agentes que se habían formado hace poco. Sin embargo, Cáscales Lázaro remarca que los agentes varones no tenían camas. “A nosotras, las cuatro mujeres que fuimos, en la zona que nos habilitaron, nos pusieron cuatro literas, cuatro taquillas y avíos para poder dormir allí, porque había compañeras que no eran de Madrid. Cosa que los chicos no tenían. Allí, la diferencia la marcaron con nosotras”, subraya.

Respecto a la Academia de Baeza, María del Pilar Cascales Lázaro declara que, cuando llegaron, lo que había eran unas camaretas con ocho camas por habitación. Eso sí, dice: “La suerte que tuvimos es que no estábamos en literas, como estaban los chicos, nosotras dormíamos en camas individuales”. Por su parte, recuerda de que las duchas también eran comunes y con “las típicas alcachofas” a las que bajaban todas en albornoz y se metían todas de golpe. “De allí salía agua, te enjabonabas y tenías un tiempo para aclararte (si te daba tiempo)”, dice entre risas. De su tiempo en la academia, Cascales Lázaro se acuerda de, uno de sus primeros fines de semana en Baeza, donde una noche salió con unos compañeros y, al cruzar una calle, unos suboficiales se bajaron del coche patrulla y uno de ellos le dijo que no lo había saludado y la sancionó. “Me metió no sé cuántos puntos y me tiré todo el fin de semana siguiente sin poder salir y haciendo instrucción. Me salió un cayo en el dedo gordo e índice de la mano derecha. Fueron horas y horas de instrucción de castigo. Eso sí, esa fue la última vez que me quitaron puntos”, asegura la agente, ya retirada, que se alegra de que, hoy día, la mujer en la Guardia Civil pueda hablar de igualdad en España.

“Solo habrá casos muy puntuales en los que no se acepte a una mujer, porque estamos integradas totalmente”

“Antes era diferente, solo te veían como a una mujer, no como
a una guardia civil”

Una muestra para recuperar la historia
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La historia de la mujer en la Guardia Civil vuelve a sus orígenes el 4 de octubre en Baeza con la exposición “Mujer y Guardia Civil”. En ella se resume la evolución de este sexo dentro del cuerpo desde 1988 hasta la actualidad y, además, centrado en su paso por la academia baezana. En la muestra se hará un recorrido por los diferentes uniformes que tuvo la mujer en la Benemérita, donde empezaron con uno compuesto por una falda-pantalón y zapatos de salón, hasta llegar a un traje igual al de los hombres en la actualidad. Con este cambio, se consiguió que la ropa fuera mucho más práctica a la hora de trabajar que antes. La exposición “Mujer y Guardia Civil”, nació el 26 de octubre de 2013 en el Ayuntamiento del Real Sitio de San Ildefonso (Segovia) y de la mano de María del Carmen Carbajal y María del Pilar Cascales, con ocasión del homenaje público que dicho Ayuntamiento rindió a todas las mujeres guardias civiles para conmemorar las bodas de plata de un hecho histórico.