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domingo, 15 octubre 2017
23:30
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URGENTE

Tras la salida de la misa dominical, me topé hace varios días con Filomena García Pérez, esposa del doctor Luis López Fuentes. Noté algo extraño en su mirada y la ausencia de su acompañante habitual, su marido. Me lo intuí. Faltaba su esposo y compañero de toda su vida. Tras varas pesquisas, pude averiguar que había fallecido a finales del año pasado. Y una persona tan querida en muchos ámbitos de la geografía andaluza, no había sido noticia salvo para sus más allegados. Tuve la fortuna de establecer ciertos lazos de amistad con este alcalaíno, de reminiscencia ribereña, nacido allá por el 14 de septiembre de 1932. Y de conocer este matrimonio gracias a la amistad del también fallecido Juan Cano y Loli Carabias. Me lo denominaba siempre como “Manitas de Plata”, por su buen hacer en el mundo de la cirugía, donde había alcanzado grandes éxitos en las intervenciones quirúrgicas de muchos pacientes en el Hospital Reina Sofía de Córdoba. Juan siempre me recordaba la faceta de cirujano taurino y me aludía a una intervención exitosa que le realizó a Manuel Benítez “El Cordobés”, entre otros toreros. Le rendimos homenaje en la revista del Cristo de la Salud, lugar que visitaba en algunas ocasiones.

El primer encuentro con este matrimonio me hizo partícipe de su círculo de amigos y médicos con el que compartía momentos de convivencia en la ciudad de La Mota, para visitarla y donde me brindó la oportunidad de hacer de anfitrión de esta comitiva médica. No se me puede olvidar la gran satisfacción que mostraba Luis y su esposa Filomena atendiendo a casi una centena de invitados en el cortijo histórico de La Matanza, donde la familia mantenía colgada una litografía faneguera de la Virgen de las Mercedes. También compartí con él una muestra del romance de “Caballeros de Alcalá, peones de Colomera...” para que se colgara en aquellas paredes, que rezumaban historia de frontera. Luis le daba un sello especial a aquellos encuentros, brindaba todo los suyo para compartirlo con todos los amigos de su carrera, profesión y familiares. A partir de estas reuniones anuales amplié la amistad y su biografía. Su origen de laboriosos labradores de nuestros partidos de campos, su devoción a la patrona, la Virgen de las Mercedes, la cita obligada de todos sus hermanos en las fiestas patronales de agosto, su afición y complemento de administrar las faenas agrícolas en su tiempo libre. Incluso su paso por Villamartín en la Guerra Civil y posguerra. Su traslado a Córdoba y sus estudios en el famoso instituto egabrense de “Aguilar y Eslava”, donde se formaron muchos jóvenes de los hacendados alcalaínos. Su carrera universitaria en la Complutense madrileña practicando los estudios médicos en el Hospital tal de San Carlos de esta Universidad.

Tuve la fortuna de compartir su renovación del sacramento matrimonial con la celebración de sus bodas de oro, asistiendo fray Antonio Rafael Pozanco en aquel septiembre de 2013, cuando nos cogió un chaparrón de mil demonios en la visita de Alcalá la Real en su cortijo de La Matanza. Me impresionó que, en la tradicional cita anual, el capellán del Hospital Reina Sofía siempre tenía un recuerdo especial por los ausentes. También me cercioré de que era cirujano taurino por afición y miembro del equipo médico del Coso de los Califas durante más de 20 años, y de la Sociedad de Cirujanos Taurinos de España.

En Córdoba se le recordaba su vida de jubilado entre los paseos y tertulias de los compañeros de generación. Por tierras alcalaínas, su itinerario diario entre el cortijo de La Matanza y la visita a la ciudad para compartir lectura de prensa y un buen rato con los amigos de la infancia y de la adolescencia. Siempre su imagen transmitía confianza, discreción suma, laboriosidad, generosidad con la filantropía caritativa, y, como dicen los latinos, fiel y leal. Pius erga patres, patriam et Deum. En la Matanza, resuenan aquellos versos “¡Para tanto caballero, chica cabalgada es esta!”.