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viernes, 15 diciembre 2017
19:23
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URGENTE

El mes de septiembre se abrió con un escalofrío para todas las personas que lo conocíamos. La noticia era impactante, el aparatoso choque entre dos vehículos en Alcaudete se saldaba con un varón fallecido y dos heridas. Luego supimos que la víctima mortal era nuestro querido Simon Ndong.

Un hombre que llegó hace en torno a una década a Alcalá la Real. Había conseguido llegar al paraíso prometido de Europa desde el infierno africano. Gracias a su carácter dinámico y laborioso se abrió un hueco. Llevaba nueve años conmigo tanto en los trabajos de recolección de la aceituna como en otras tareas que se sucedían a lo largo del año, como la tala o la eliminación de varetas. Cuando no estaba en Alcalá también prestaba sus servicios en una finca de Bobadilla, en el municipio malagueño de Antequera. Allí incluso ayudaba al funcionamiento del molino.

Simon era lo que puede decirse un buscavidas, ya que, como persona muy activa, también daba el callo en Etnosur. Su quehacer allí iba desde montar y desmontar hasta vigilar. Este año disfrutó con la presencia de su compatriota Youssou N’Dour, un referente para la inmensa mayoría de la población de Senegal.

El final de Simon Ndong tiene una vertiente doblemente trágica. Aparte de la pérdida de una gran persona, se trunca la posibilidad de su deseado reencuentro familiar. Tenía mujer y dos hijos en su país de origen. De hecho, cuando tuvo el accidente volvía de Jaén de tramitar los papeles para traerlos en dos semanas. La muerte de Simon ha supuesto un mazazo en todos los sentidos. Al menos finalmente pudo repatriarse el cadáver.

De nuestro Simon solo puedo decir cosas positivas. Era una persona muy justa. Trabajaba conmigo como manijero y debe decir que defendía, según el caso al jefe y a los trabajadores, sin que le importara decir las cosas que estaban mal hechas. Esto le daba un liderazgo especial.

De él además destacaría su profunda fe religiosa. Pese a que Senegal es un país mayoritariamente musulmán, Simon Ndong era cristiano y siempre que podía acudía a misa a la iglesia de El Salvador.

Adiós, amigo Simon, a pesar de que no pudiste completar tu sueño de un porvenir de futuro para los tuyos en España, al menos dejas el imborrable recuerdo de cómo eras y lo bien que tratabas a todos.