Actualizado
lunes, 22 octubre 2018
13:35
h
URGENTE

“Trazaste un camino que llega hasta el corazón”

Ver comentarios
|
30/03/2018
 Por José Antonio Rosell Antón
Por José Antonio Rosell Antón

José Luis fue un miembro de nuestra gran familia hospitalaria, donde forjamos lazos especiales de confianza, amistad y de momentos compartidos, con un fondo de cariño y complicidad que configuró, el definido después por muchos compañeros, a modo de “slogan” como “el espíritu del Princesa”. No sorprende, pues, que la falta de nuestro querido amigo resulte difícil de sobrellevar, la amistad añosa y fraternal para muchos de nosotros, tanto en la sección de Medicina del IEG como en el Colegio de Médicos, deja una huella imborrable.

Le recuerdo muy bien. Fue un hombre que destacó por su trabajo, sus valores y entrega a sus ideales y sueños, como fueron su compromiso con la Medicina, que lo entendió con actitud servicial, también a sus compañeros, a su ambiente familiar y a sus particulares ideas. Diría que se creó a sí mismo con una base cualificada de sentimientos arraigados.

De acuerdo con Unamuno: “Cada nuevo amigo que ganamos en la carrera de la vida nos perfecciona y enriquece, más aún, por lo que de nosotros mismos nos descubre, que por lo que de él mismo nos da.” La amistad que tuvimos fue un sentimiento profundo, una afinidad emotiva única, una forma de lealtad y franqueza y, sobre todo, de confianza. José Luis fue aquel amigo que más que verse, se advierte que está ahí: compañero, confidente, hermano... Un testimonio excelso que guardará nuestros recuerdos de ayer para siempre. Consiguió trazar un camino que llega hasta el corazón, logrando que los amigos sientan su bondad y hombría de bien muy cerca y, aunque se haya ido lejos, seguro que a un lugar mejor, le veremos en nuestro mundo interior, pues esa virtud de autodominio que vivió nos dio la oportunidad de conocerle, de saber cómo superarnos y cómo darnos a los demás.

Así entendemos que su vida ha sido un ejemplo para todos, pues en su actitud personal mostraba siempre respeto a todos sin esperar nada a cambio. Y es que sus creencias, siempre bien arraigadas, le fortificaron en el día a día. Fue, sin proponérselo, un modelo para muchos compañeros por su elegancia en el trato, su bondad, su inteligente conversación llena de fina ironía, sin abandonar nunca su gran curiosidad y sensibilidad. Por todo cuanto significó su persona, de entrañable evocación, sus recuerdos quedarán en nuestra memoria. D.E.P.