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jueves, 17 agosto 2017
23:56
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URGENTE

José Hidalgo Pérez nació en la pequeña aldea de Ermita Nueva, situada al sur del término municipal de Alcalá la Real, limítrofe con la provincia de Granada. Allí creció y vivió junto con sus dos hermanos, los cuales se mudaron a Granada para centrar allí sus núcleos familiares. Sin embargo, Hidalgo decidió quedarse en el lugar en el que se desarrolló como persona, aunque tuvo que mudarse a Alemania y Suiza en busca de trabajo cuando se convirtió en algo escaso en el territorio español. Allí estuvo varios años, como gran parte de los españoles, ganándose la vida y aprendiendo otras culturas, idiomas y costumbres.

No obstante, la tierra siempre se lleva en el corazón y en el pecho y, al cabo del tiempo, decidió volver a Ermita Nueva. Allí vivió, desde su vuelta, hasta el día de su fallecimiento junto con la que fue el amor de su vida, Josefa Muñoz Prieto.

Un hombre dedicado completamente al campo, al cual dedicó gran parte de su vida. La constancia y la perseverancia caracterizaron esta labor que fue, y es, fuente principal de empleo en el pueblo y en la provincia de Jaén. Olivos, almendros, cerezos y hortalizas cargadas de frutas y verduras.

Las conversaciones en las noches veraniegas junto con sus vecinos y las tardes sentado en la plaza del pueblo o en la puerta de las casas hicieron que los días fuesen mucho más amenos y entretenidos para los que lo rodeaban. Tuvo una única hija, Rafaela Hidalgo, a la que cuidó y enseñó entre ramas y aceitunas y a la consagró toda su vida para hacer de ella una mujer con un corazón enorme. Así como un nieto al que educó y formó en base a los valores de igualdad, respeto, humildad y honestidad. Un hombre de campo, de tierra, como la mayoría de sus amigos. Una persona sencilla dedicada a una vida dura, pero que supo aprovechar y disfrutar todo lo que puedo. Fue un padre, un abuelo y un marido ejemplar, un modelo a seguir para todos los que le conocían y compartieron momentos de su vida con él.

Querido, apreciado y respetado para todos sus amigos y vecinos que nunca lo olvidarán y lo tendrán siempre presente en sus corazones y en su memoria. Su ausencia duele, pero su recuerdo siempre hará sonreír.

Que en paz descanse.