Eso dirán los que, en el día de resaca, echen la vista atrás a nueve días y quinientas noches (como diría Sabina) de locura y diversión. Termina una Feria de San Lucas tan especial como que lució un sol espléndido y unas temperaturas propias de una estación primaveral. Una festividad que deja un buen sabor de boca para quienes ostentan el poder municipal y un amargo paladar para los que están en el lado de la oposición. Basta con preguntar a unos y otros para llegar a tan contradictoria conclusión. Al concejal de Cultura, José Montané, le duele que opinen mal de algo que se ha hecho bien y, sobre todo, que quienes critiquen sean aquellos que dejaron el suelo minado de obstáculos para endurecer un dificultoso camino. Y a la ex concejal de Cultura Cristina Nestares le duele que, ahora que ella precisamente es “ex”, la Feria de San Lucas 2009 pase a la historia por ser una de las más esplendorosas y extraordinarias por detalles poco o mucho importantes como la existencia de un ferial sin plataformas ni escaleras.
Hasta el cielo se ha aliado con el equipo de Gobierno en su tercera feria para que los charcos no entorpecieran el taconeo sobre el albero. Dice Montané: “Si se nos ha aparecido la Virgen es porque nos lo merecemos”. Con inmediación divina o no, lo cierto es que el balance de la feria de octubre no puede ser más positivo. Caseteros y feriantes han hecho su particular agosto y visitantes y jiennenses han dado todo de sí para alejar el fantasma de la crisis de sus vidas, al menos, por nueve días. ¿Qué más se puede pedir?
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