
Un año después de aquel movimiento sorprendente, vivimos peor, más dependientes de los gobernantes y de los mercados (que no tienen nombre ni sabemos quiénes son), más pobres, mucho más para los que nada tenían, e incluso con más miedo. Estamos acongojados con la prima de riesgo, la caída de la bolsa y la amenaza constante de Europa y el FMI de acudir a nuestro rescate. Que no es ni más ni menos que decirnos que dejamos de ser una democracia temporalmente, que el Gobierno elegido por las urnas solo hará lo que ellos le dicten; a saber lo que será, nada bueno para quienes trabajamos y no nacimos ricos ni tenemos paraísos fiscales.






















