
Cuando comenzó la diplomatura de Geografía e Historia en el antiguo Colegio Universitario Santo Reino y después la diplomatura de Historia Medieval en la Facultad de Filosofía y Letras de Granada, sus aspiraciones se centraban en la enseñanza, pero, cuando descubrió que había otra posibilidad de trabajo “real” en el campo de la arqueología —donde se concentraban buena parte de sus preferencias: trabajar al aire libre, descubrir y estudiar “in situ” la huella de los antepasados en la civilización actual—, decidió que ese era el camino. Por otra parte, tiene la certeza de que ser una buena profesora, que sepa llegar a los alumnos, es muy difícil.






















