Silvia Ruiz Díaz /Jaén
Apenas ha asomado la luz del día y los comerciantes de cualquier puesto de un mercado de abastos inician su tarea. El reloj marca que es madrugada, pero cualquier frutero, pescadero o carnicero sabe que la jornada comienza con la llegada a los almacenes de mayoristas.
Les esperan los productos más frescos, aquellos que tendrán que vender a unos fieles clientes que prefieren dejar de lado los supermercados o las grandes superficies. A cambio, como apuntan, recibirán una atención totalmente personalizada, la mejor calidad y la garantía de contar con los precios más asequibles.
Los mercados municipales, sin embargo, saben que tienen que sacar sus mejores armas para sobrevivir a una dura competencia y, también, tienen claro que han de adaptarse a los tiempos que corren. No basta, hoy día, con mantener a una clientela que envejece, sino que tienen que captar la atención de un público joven, que apenas tiene tiempo para realizar sus compras y, mucho menos, en un horario único de mañana. Los mercados son uno de los centros más antiguos que existen y, sin embargo, la aparición de nuevas fórmulas comerciales y la variedad que hay en otros locales comienzan a ganarles la batalla.
Según un estudio realizado por la Confederación Empresarial de Comercio de Andalucía (CECA), la limitación de los horarios supone un “impedimento” para captar clientes potenciales. Las promociones, además, escasean más de la cuenta. De hecho, sólo el 15 por ciento de los mercados desarrolla acciones de publicidad, aunque sólo las realiza para fechas determinadas. Del mismo modo, el consumidor habitual les exige, cada vez más, una mayor variedad en la oferta, tal y como demuestra el estudio.
Por otra parte, mercados municipales referentes como los de la capital, Andújar, Martos o Linares supieron afrontar más de una dificultad en sus años de existencia. Los clientes, según señalan los empresarios de estos puestos, todavía valoran la calidad. De ahí que, según un informe del Observatorio de Consumo y la Distribución Alimentaria, el 44 por ciento de las ventas se realicen en estos edificios y en las tiendas tradicionales, frente al 25 por ciento del supermercado. El pescado fresco, el marisco o las frutas y hortalizas figuran entre los alimentos más comprados en estos edificios, habitualmente situados en los cascos antiguos. El organismo dependiente del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino ofrece, eso sí, “un pequeño consejo”. Los mercados del futuro deben funcionar como distribuidores de alimentación y, también, como un lugar de ocio para todos los vecinos.
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