Actualizado
sábado, 19 agosto 2017
20:45
h
URGENTE

El “día a día” del equipo

Una vez terminado el prototipo, durante la competición los alumnos tienen que explicar su desarrollo, se realizan las pruebas individuales de aceleración, yinkana y frenada, el montaje y desmontaje de la carrocería y entrenamientos en carrera

La competición MotoStudent cuenta con un carácter bianual, por lo que una vez que se presenta el prototipo, el EPSJaén-UJA Team se “reinicia” y empieza de nuevo a trabajar en un nuevo vehículo. En la actualidad, y tras participar en octubre de 2016 en el circuito MotorLand Aragón, el equipo se encuentra en la fase de “comenzar a rodar” de nuevo con la entrada de nuevos alumnos para los que en breve se abrirá el plazo de inscripción y la experiencia de otros, como es el caso de David Bonillo y Antonio Navas, que con toda probabilidad repetirán la experiencia.

“Yo entré a formar parte en marzo o abril de 2015, cuando se constituyó el último equipo. Estaba en primero de Ingeniería Mecánica y lo primero que hicimos fue dividirnos en varios equipos, para trabajar, de una forma organizada, en el diseño, la fabricación y el tema del papeleo”, explica David Bonillo. Cuando cursaba sus estudios de la ESO conoció el proyecto a través de las redes sociales, por lo que una vez en la Universidad de Jaén contactó con José Enrique Mata: “Le expliqué que no tenía experiencia alguna, y él me dijo que todos los integrantes tenían los mismos conocimientos en motocicletas eléctricas. Así que, de lo que se trataba, sobre todo, era de tener muchas ganas y dedicarle mucho tiempo. Y conforme avanzó el proyecto me di cuenta de que realmente era duro”.

El caso de Antonio Navas fue muy similar: “Siempre he tenido el sueño de trabajar en el mundo de la competición, tanto de coches como de motos. Conocía algo del proyecto y cuando entré en primero de Ingeniería Mecánica vi que era una oportunidad genial. Cuando fuimos a las primeras reuniones y nos dijeron que podíamos entrar, ya me embarqué en todo el proceso”.

David Bonillo estuvo en la parte de diseño, donde el “quid” de la cuestión estaba en encontrar gente de electrónica o electricidad. Finalmente, un grupo de alumnos tiró para adelante en ese sentido. “En el caso de la batería nos decantamos por el litio, de las más actuales, y por un sistema de gestión para que no sobrepasara el voltaje y la temperatura. Pero como era caro, decidimos hacerlo nosotros”, afirma. El prototipo avanzó de forma lenta, puesto que los alumnos tenían que compatibilizar sus estudios universitarios. “Pero cuando llegó el verano de 2016 se pusieron realmente duros”, afirma. Con un trabajo previo de cálculo realizaron el proyecto industrial, que les hizo merecedores del posterior reconocimiento, y con el diseño de la moto ya cerrado, se dedicaron a optimizarlo y a programar el motor que, puntualiza, contaba con una serie infinita de parámetros que tuvieron que ajustar uno a uno.

En el caso de Antonio Navas, formó parte de la fabricación del prototipo: “Nos daban los planos y nosotros nos encargábamos de la fabricación de todas las piezas”.

Ambos procesos concluyeron más o menos al mismo tiempo, tras lo que llegó uno de los momentos más esperados por los alumnos: el de ver la motocicleta en acción. Así, con el vehículo ya montado, el equipo se desplazó a Guadix: “Eso fue lo más increíble del mundo. El vehículo tenía una fuerza bestial; el motor y el chasis estaban perfectos y se manejaba con nada. Una maravilla cuando la vimos en manos de nuestro piloto, Álvaro Pardo, y la unión que hacía con la moto. El equipo estaba emocionado y la gente pegaba botes”, apunta Bonillo. Y lo mismo le ocurrió a Navas: “El día que ves correr la moto por primera vez... la emoción que nos invadió pagaba todo el trabajo previo”.

De vuelta a Jaén solucionaron pequeños detalles que vieron durante la carrera y se fueron a MotoStudent: “En ese momento teníamos un pequeño fallo que no sabíamos lo que era porque desconocíamos la tecnología, que realmente es muy nueva. Subimos a Alcañiz y ahí ya fue la apoteosis”.

Primero a una fase de la prueba, en la que cada equipo universitario expuso y explicó ante los asistentes cómo desarrolló su proyecto. Seguidamente, se celebraron las pruebas individuales de aceleración, yincana y frenada, destinadas a probar la moto, y que puntuaban para la clasificación general. En la de montaje y desmontaje de la carrocería de la motocicleta, así como en los entrenamientos, el equipo obtuvo una puntuación que le hizo ser merecedor del primer puesto en la clasificación general. Pero la batería de la moto comenzó a tener problemas y tuvieron que retirarse. Tras un nuevo montaje, el vehículo corrió la quinta prueba, pero se estropeó de nuevo y decidieron por unanimidad retirarse. Aun así, la experiencia fue increíble para el equipo. “En mi caso, y a pesar de que fue duro, es lo mejor que he hecho en mi vida”, afirma Navas.

El equipo se encuentra en fase de “comenzar a rodar” y en breve se abrirá el plazo de inscripción

“El proyecto abre puertas”