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Puerto Hurraco, la matanza que “heló” a los españoles

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26/08/2017

Feliz. Sí, feliz aunque parezca difícil, contradictorio. Feliz, aunque haya sido el peor y más triste suceso que ha vivido durante toda su carrera profesional y le dejó problemas de salud. Feliz, porque de no haber logrado detenerlos, la tragedia hubiera sido aún mayor. Feliz, dice sentirse, porque gracias a su actuación y la de sus compañeros hoy viven familias con hijos, que parecían “haber estado condenadas a la muerte”. Es el testimonio de Blas Molina Cantero, guardia civil retirado de Beas de Segura. El jiennense fue el responsable de la detención de Antonio Izquierdo, uno de los hermanos que provocaron la masacre de Puerto Hurraco (Badajoz). Un suceso, fruto de las rencillas de dos familias, los Cabanillas y los Izquierdo, que acabó con la muerte de nueve personas y seis heridos en este pequeño pueblo de apenas 200 habitantes hace ahora 27 años. Lo recuerda —porque no puede olvidarlo— a la perfección. Era un caluroso día de verano. Concretamente un 26 de agosto de 1990. Llevaba destinado tres años en Villanueva de la Serena (Badajoz), donde era jefe del equipo de Policía Judicial. Esa noche le marcó un antes y un después en su vida profesional. “Recibimos la alerta de que había ocurrido un suceso en Puerto Hurraco. Nos dijeron que se habían vuelto locos dos hermanos, identificados por la ciudadanía como los hermanos Izquierdo, y que abordaron a disparar indiscriminadamente contra toda la gente que estaba tomando el fresco. Inmediatamente llegó la Guardia Civil del puesto de Puerto de Castuera. Estos también resultaron heridos”, explica Molina. “Ha sido el peor episodio que he vivido en mi vida. Nunca podré olvidar aquella noche larga, aterradora, donde había sangre por todos los sitios. Como jefe del equipo de Policía Judicial me dediqué a tomar pruebas”, afirma el beatense. Mientras tanto los hermanos Izquierdo andaban sueltos. Se vivían momentos de angustia, de enorme tensión. “Le pedí al alcalde pedáneo que me acompañara para abordar el pueblo. “Era ya la madrugada del 27 de agosto cuando me disponía a reconstruir los hechos cuando al llegar a uno de los callejones de Puerto Hurraco me encontré al menor de los hermanos Izquierdo. En ese instante el alcalde salió corriendo y yo intenté protegerme con una pared. Desenfundé el arma y le dije que se rindiera y tirara la escopeta. En un primer momento se resistió. Finalmente lo cogí y lo detuvimos, incluso me pidió que le pegara dos tiros”, recuerda. Esa imagen en la que aparece Blas Molina descamisado sujetando a Antonio Izquierdo dio la vuelta al mundo y se convirtió en la imagen de la masacre de Puerto Hurraco. El otro de los hermanos Izquierdo, Emilio, fue interceptado por un helicóptero, mientras trataba de darse a la fuga. “La masacre hubiese seguido. Estaban apostados como dos cazadores a la espera de continuar su venganza”,afirma Blas Molina, que sorteó la muerte, durante esa noche, varias veces. La historia ha sido mil veces repetida. Disputas entre dos familias por las lindes en las fincas. Un primer episodio se vivió en 1963, protagonizado por el hermano mayor de la familia Izquierdo. Las rencillas se acumularon entre ambas familias. Un incendio en el que fallece Isabel Izquierdo, la madre de los dos asesinos sería la “causa” para que el 26 de agosto de 1990 los dos hermanos Izquierdo se apostaran en una calle de Puerto Hurraco para disparar con sus escopetas de caza a cualquiera que se apellidara Cabanillas. Las dos primeras personas en fallecer fueron las dos niñas, de doce y catorce años. Después corrieron la misma suerte varios familiares suyos y otros vecinos del pueblo. En total, nueve muertos y seis heridos, muchos de ellos con secuelas. Su relación con la masacre continuó en las puertas de los juzgados de Castuera donde Molina evitó otra matanza. Antonio Cabanillas, el padre de las dos niñas fallecidas fue en busca de venganza. “Entre el bullicio de los periodistas me percaté que la tranquilidad que mostraba no era normal. Efectivamente iba armado con una navaja en busca de los Izquierdo que en ese momento declaraban”, concluye.