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URGENTE

“En mi profesión he conocido la crueldad del ser humano”

José Mariano Olivares
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28/01/2018
  • TRABAJO. José Mariano Olivares Samper, en una imagen tomada el pasado viernes, el primer día de su vida como policía jubilado, a las puertas de la Comisaría de Jaén, la que ha sido su casa durante los últimos años.
    TRABAJO. José Mariano Olivares Samper, en una imagen tomada el pasado viernes, el primer día de su vida como policía jubilado, a las puertas de la Comisaría de Jaén, la que ha sido su casa durante los últimos años.
Este policía de raza se jubila y pone fin a una brillante carrera de casi 38 años. Ha pasado por todas las especialidades y ha desarrollado una intensa labor sindical en defensa de sus compañeros de profesión

José Mariano Olivares Samper se ha jubilado tras casi 38 años en el Cuerpo Nacional de Policía. El pasado 25 de enero, el día en que cumplió la edad reglamentaria de 65 años, este inspector jefe entregó su placa y su arma y recogió sus pertenencias personales de la Brigada Provincial de Información, el que ha sido su último destino. Asegura que se marcha con la satisfacción del deber cumplido, de haber estado siempre al lado del ciudadano y de transitar por la vida siempre con el mismo libro debajo del brazo: el de la ley.

—¿Cómo fue su último día? ¿Qué sensaciones tuvo?

—No fue diferente a cualquier otra jornada. Afronto una nueva etapa, pero voy a seguir siendo el mismo. A estas alturas, nadie me cambiará.

—¿Por qué se hizo policía?

—Porque me di cuenta de que esa profesión significaba realizar todo lo que yo había hecho hasta ese momento, es decir, defender a los demás. Siempre he concebido la vida de la misma manera, desde que era un niño. A finales de los setenta, cayó en mis manos el temario para presentarse a las oposiciones y no me lo pensé.

—¿Cuál fue su trayectoria?

—Empecé en 1980, tras aprobar la oposición un año antes. Mi primer destino fue Sevilla. Después, pasé por Barcelona, Huelva, de nuevo Sevilla, donde estuve comisionado en la Exposición Universal de 1992, otra vez Huelva y Jaén, donde llegué en 1994. En la provincia he pasado por Andújar y por Linares. En 2009, ascendí a inspector jefe y, desde octubre de 2012, he sido jefe de la Brigada Provincial de Información.

—Ha pasado por todas las especialidades. ¿Con qué se queda?

—No me gusta hacer distinciones. Todos formamos parte del mismo equipo. Trabajamos para servir y proteger al ciudadano y todos somos importantes. Cada brigada tiene su papel, desde la Seguridad Ciudadana hasta la gente de la Sala Operativa, de la Oficina de Denuncias o de la Policía Judicial, que suele ser la más llamativa para la gente.

—¿Qué ve cuando echa la vista atrás y mira 38 años de trabajo?

—Veo, precisamente, muchas horas de trabajo, sin descanso y, sobre todo, veo que he seguido siempre el mismo camino de aplicar la ley. Es lo que voy a seguir haciendo a partir de ahora, como ciudadano normal y corriente, porque pienso que todos estamos obligados a ello, a perseguir las injusticias.

—¿Cuál ha sido su momento más duro como policía nacional?

—Sin duda, aquellos en los que me descubres la maldad que puede alcanzar el ser humano.

—¿Algún caso en concreto? Usted llevó la investigación que permitió detener a José Franco, el asesino de la niña onubense Ana María Jerez Cano en 1991...

—A situaciones como esa me refiero cuando hablo de la crueldad. Es verdad que fue un éxito profesional, pero recuerdo el sufrimiento de aquella familia durante tantos días. Fueron días muy difíciles para todos.

—¿Y los momentos más satisfactorios?

—Sin duda, cuando veía la cara de agradecimiento de las víctimas de un delito. Un caso que recuerdo especialmente ocurrió hace unos años en Andújar, cuando rescatamos sana y salva a una niña que había sido secuestrada por un hombre y que se la había llevado a una caseta a las afueras del pueblo. Si hubiéramos llegado diez minutos más tarde, estoy seguro de que le habría hecho algo malo.

—¿Ha tenido enemigos?

—Seguramente que sí, pero tengo muchos amigos a mi lado. Uno de ellos, Chema, sin duda uno de los mejores policías que ha pasado por la Comisaría de Jaén, se inventó una definición sobre mí que decía que algunos me temían, otros me respetaban, otros me querían y todos me utilizaban. A veces, yo me he dejado utilizar. No importaba, sobre todo cuando sabía que era para conseguir un objetivo que yo consideraba justo.

—¿Se ha equivocado alguna vez?

—Como todos los seres humanos. Claro que he fallado y estoy seguro de que muchas veces. Nadie es perfecto y menos yo. En ocasiones, puede ser que me haya equivocado y ni tan siquiera lo sepa. Cuando me he percatado de que lo estaba haciendo mal, he pedido perdón. Lo que sí puedo decir, y puedo mirarme al espejo con esa tranquilidad, es que siempre he hecho lo que creía que era más justo para los demás.

—Usted ha tenido duros enfrentamientos con algunos de sus superiores en su condición de representante sindical. El comisario Justo Aguilera llegó a denunciarlo a usted y otros tres líderes policiales en 2006 por injurias y calumnias. ¿Qué recuerda de aquello?

—Los cuatro sindicatos de forma unánime realizamos una rueda de prensa para denunciar los malos modos y las malas formas que tenía con los policías. Creo que hicimos lo que tuvimos que hacer. Él se fue al juzgado y tuvimos un año y medio imputado, con la pena del banquillo. Después, el juez archivó la causa porque se vio que aquello no tenía ni pies ni cabeza.

—¿Esa ha sido su batalla sindical más dura?

—Desde el punto de vista de que estuvimos imputados un año y medio, pues diría que sí. Han sido muchas y ha habido otras peores. Después de la Expo del 92, donde estuve destinado, me negué a que nos concedieran una distinción, porque consideraba que no era mérito suficiente. Muchos compañeros se molestaron conmigo, pero después se dieron cuenta de que llevaba razón. No se puede conceder una medalla por el mero hecho de cumplir con tu obligación, porque se desmerece a aquellos que sí consiguen un mérito relevante.

—¿Por qué se hizo sindicalista?

—Entiendo que es la otra cara de la moneda de cualquier policía. Es mi forma de ver el mundo y la vida. No puedo con las injusticias. Cuando veo una, no puedo callarme ni estarme quieto. Ni como policía, ni como persona. En la institución a la que he pertenecido, ha habido algunas personas que, por el hecho de tener un cargo, se pensaban que podían imponer su voluntad a aquellos que creían más vulnerables, pisoteando derechos y libertades. Eso se llama abuso de poder y jamás lo he tolerado ni lo toleraré. Esas personas olvidan que son funcionarios públicos, que están aquí, precisamente, para defender los derechos y libertades de los personas. El ciudadano es nuestro único jefe. Siempre digo que un policía que no está bien protegido, no puede defender a la sociedad. Esa es la única razón por la que siempre he estado en sindicatos.

—¿Cómo han sido sus últimos años en la Brigada Provincial de Información, un destino especialmente sensible?

—Pienso que la gente ha trabajado muy bien y que la Brigada está funcionando como nunca. Se han hecho cosas que hasta ahora no se hacían, sobre todo porque tenemos más competencias y el panorama ha cambiado, con la irrupción de las redes sociales. Creo que se ha logrado conformar un buen grupo.

—Se habla de que habrá cambios en ese grupo. ¿Qué le parece?

—Pienso que sería un grave error. Para trabajar en la Brigada de Información es importante tener cierta especialización y unos conocimientos que solo llegan con la experiencia. No se puede cambiar el grupo al completo, porque supondría bajar el nivel y, por lo tanto, bajar la defensa en un ámbito especialmente sensible.

—¿Qué va a hacer a partir de ahora, con su recién estrenada jubilación?

—Vivir como he vivido, pero con más libertad. Por mi condición, siempre hubo cosas que fue mejor callar. Dejo atrás el conducto reglamentario. A partir de ahora, utilizaré mi derecho a la libertad de expresión como me dé la gana, sin las cortapisas que conllevaba la profesión.

—Un consejo para los futuros policías.

—Que sean siempre fieles a la misión prioritaria de un policía, servir, cumplir y obedecer, sobre todo, las leyes, incluso las de las ética. Y no olvidar jamás que, en caso extremo, interponerse entre el agresor y la víctima, aún a riego de la vida propia. Eso es ser policía.

Almuerzo para rendir homenaje

El próximo día 1 de febrero, amigos y compañeros de José Mariano Olivares le rendirán un homenaje. Será en un almuerzo, que se celebrará en el Hotel Condestable Iranzo y que servirá para despedir a un policía que ha pertenecido a la institución durante casi 38 años. “Estoy seguro de que me voy a emocionar muchísimo. Estarán mis hijos, mi mujer y mis amigos de toda la vida. Se trata de las tres facetas que tenemos las personas: la social, la profesional y la familiar. Tengo suerte de conservarlas todas”.