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URGENTE

“Antes los periodistas tenían más personalidad”

Álex Grijelmo
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10/02/2019
El periodista y escritor burgalés se adentra en el género narrativo con “El cazador de estilemas”, una novela en la que el creador de la Fundación para el Español Urgente une a su pasión por la lengua un gran talento creativo

Sus libros de estilo, desde finales de la década de los 90, son un referente en la prensa española. Después de una dilatada trayectoria ensayística, Álex Grijelmo (Burgos, 1956) se atreve con una primera novela, “El cazador de Estilemas” (Espasa), en la que la pasión por el idioma y las cualidades narrativas del periodista y escritor conforman un libro pleno de inteligencia, humor y deslumbrante originalidad.

—¿Su primera ficción literaria lo tiene todo para poder considerarla una novela negra. ¿Por qué eligió este género para su debut como novelista?

—Siempre he pensado en que las palabras nos definen, nos visten, nos retratan. Es decir, que dejan un rastro de lo que somos. Y la palabra “rastro” me llevó a su vez hacia las investigaciones policiales. Eso me hizo pensar en una novela en la que no se siguiera un rastro de sangre, o de ADN, o de huellas dactilares, sino de palabras. Y ahora las posibilidades de escribir anónimos injuriosos han crecido muchísimo con Internet y las redes sociales. Así que todo eso me dio el marco necesario para imaginar un mundo en el que se llega hasta un delincuente a través de las palabras que usa.

—Después de publicar un buen puñado de libros con el idioma y su buen uso como principales protagonistas, ¿se le ha quedado pequeño el género ensayístico, o es que esta incursión en la novela responde a una vocación creativa hasta ahora desconocida por sus lectores?

—Creo que aún escribiré más ensayos, y tal vez alguna otra novela. Me planteé entrar en el mundo del relato por explorar ese terreno, y porque requiere menos preparación y menos músculo que el ensayo. El ensayo es transpiración, y la novela es inspiración. En el ensayo hay que documentarse, razonar, leer a quienes han escrito antes sobre ese tema, demostrar y argumentar lo que expones. En la novela basta con sentarse ante el teclado y crear. El ensayo se mueve en el terreno de lo verdadero; y la novela, en el terreno de lo verosímil. Me apetecía probar, y ha sido divertido.

—En “El cazador de estilemas”, presenta usted los rasgos lingüísticos de la gente como aparato certero para alcanzar a radiografiarla...

—Así es. No nos damos cuenta de cómo nos definen las palabras. Las palabras son la ropa que se ponen nuestras ideas para salir a la calle. Y con ellas podemos ser reconocidos. Todos dejamos una especie de huellas dactilares en lo que escribimos, sin darnos cuenta. Y un experto puede descubrirlas.

—A la hora de construir los personajes principales de la novela, ¿se ha inspirado en la realidad?

—Siempre tiene que haber algo de realidad en una ficción. Sí, los personajes se parecen mucho a seres reales. Como periodista, he conocido a bastantes policías y empresarios; y el profesor puede parecerse mucho a alguno que tuve en la universidad. Supongo que esos perfiles han influido en el retrato de estos personajes.

—Curiosamente uno de ellos, el ejecutivo Vicente Remera, es jiennense. ¿Hay alguna característica de este personaje que lo llevara a emparentarlo con la provincia de Jaén?

—La verdad es que no sé por qué le hice nacer en Jaén. Supongo que en ese momento me acordé de los buenos ratos que he pasado allí y me vinieron a la cabeza. Lo que sí responde a una voluntad concreta es que los personajes no sean de Madrid. No todo es de Madrid ni pasa por Madrid. Aparecen personajes de Cuenca, de Canarias, una finca de Córdoba... y un ejecutivo de Jaén.

—¿Recuerda alguno de esos buenos ratos a los que hace referencia?

—Entre 2000 y 2002 fui bastantes veces a Jaén porque entonces era director editorial de la cadena de periódicos de grupo Prisa a la que pertenecía el diario. Veía mucho a Juan Espejo y a Miguel Ortega, y recuerdo muy gratas conversaciones allí con ellos. Hace mucho tiempo que no hablamos, pero vivimos juntos muchos momentos fantásticos que no se nos van a olvidar nunca. Recuerdo también una fiesta de los jiennenses del año que coincidió con mi cumpleaños y en la que la gente que dirigía el diario Jaén tuvo un gran detalle conmigo para que no dejara de soplar mis velas pese al lío que teníamos montado.

—En las páginas de “El cazador de estilemas” late cierta crítica a la digitalización como herramienta homogeneizadora y al uso de las redes sociales en su versión más descarnada y violenta...

—Creo que hasta ahora se han ensalzado más las virtudes de las redes sociales, y las hay, que los efectos contraproducentes. Los principales, a mi entender, son el anonimato y la posibilidad de que se suplante la personalidad de alguien. Hace tres o cuatro años hubo un perfil falso mío en Facebook, con mi fotografía incluida. Era alguien que se dedicaba a dar consejos gramaticales; y no lo hacía mal, por cierto; y ahora también hay un par de cuentas con mi nombre en Twitter. A lo mejor son personas que se llaman como yo, pero es una coincidencia difícil... Supongo que esto le sucede a más gente.

—Eulogio Pulido, el protagonista, cada día cree menos en el sistema, como queda de manifiesto en su libro. ¿Ha procurado sintetizar en este personaje las decepciones del español medio?

—Eugenio Pulido, el profesor de lengua, ha sufrido la crisis y tiene que buscarse la vida. “Reinventarse”, se dice ahora. Es decir, lo mismo que muchas personas en España. Y a él se le ocurre un trabajo muy interesante: ayudar a la policía a cazar en las redes impostores, calumniadores o acosadores a base de descubrir sus estilemas. Como le persigue el banco, busca ayudar a la Policía y que le paguen con fondos reservados. Y ahí empieza todo.

—Usted ha escrito un buen número de libros de estilo para su uso en las redacciones. ¿Qué opina de la desaparición de la figura del corrector de estilo en los periódicos y de su sustitución por herramientas informáticas?

—Yo suelo pasar el corrector informático por mis textos, pero también los envío a revisar por los correctores humanos, que todavía queda alguno. La diferencia es que con estos puedes debatir y aprender. Si de mí dependiera, los correctores humanos no desaparecerían de los periódicos. No sólo señalan una errata, sino también una reiteración, una palabra fuera de contexto, un problema de estilo... Y además te lo pueden explicar.

—¿En qué medida es responsable la prensa del buen o mal uso cotidiano de la lengua?

—Yo creo que tenemos una responsabilidad. Y que cada vez se abdica más de ella. Antes los periodistas tenían más personalidad. Usaban una palabra porque les gustaba, porque la preferían a otras, porque les parecía vanguardista. En definitiva, porque formaba parte de su estilo de su manera de escribir. Ahora, en cambio, oyes cosas como “pero si eso ya nadie lo dice” o “es que lo dice así todo el mundo”. Se ha pasado del sentido de liderazgo que marca un camino al sentido de grupo que te arrastra por él.

—¿Qué debe hacer un buen periodista para recuperar esa “personalidad” que asegura que ha menguado a la hora de expresarse?

—No lo sé, la verdad. Yo creo que es un problema de distinta mentalidad en las generaciones. Quizás vaya por épocas. En unas prima el individualismo y la personalidad propia, y en otras se da más el sentido de pertenencia a un grupo. O tal vez tenga que ver con que en aquellos años había menos sentido del ridículo o del riesgo, y ahora influyen más las posibles críticas a nuestros actos. Hoy en día se critica mucho al individuo, y por las redes y por Internet circulan infinidad de opiniones que descalifican al primero que se mueve. No sé si eso produce un efecto de no asomar la cabeza para que no me disparen. Bueno, es una conjetura. La verdad es que no lo sé. Pero sí noto eso: que los periodistas jóvenes temen usar palabras que no están en su círculo habitual.

Trabaja ya en algún nuevo libro? ¿Será otra novela, o tiene pensado regresar al ensayo?

—La directora de Espasa, Ana Rosa Semprún, cree que este policía y este profesor de “El cazador de estilemas” pueden correr nuevas aventuras literarias. No sé. Vamos a ver primero qué le parece a la gente este relato. En cualquier caso, volveré a escribir algún ensayo.

Dilatada trayectoria literaria

“El estilo del periodista”, “La seducción de las palabras”, “La punta de la lengua”, “El genio del idioma”, “La gramática descomplicada”, “Palabras moribundas”, “La información del silencio” o “Palabras de doble filo” son solo algunos de los numerosos títulos que forman la bibliografía de Álex Grijelmo, quien además de licenciado en Ciencias de la Información es máster oficial y doctor en Periodismo, titulado en Dirección de Empresas y grado honorario en Administración de Empresas.

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