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URGENTE

“Yo descubrí más de 600 cuevas y simas”

Antonio Pérez
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10/12/2017
Es miembro fundador del Grupo de Espeleología de Villacarrillo, que es líder
en su género como atestiguan los numerosos campeonatos de Andalucía, España e, incluso, internacionales, que han ganado en diferentes categorías

Profesionalmente toda su vida ha sido carpintero, una profesión que, curiosamente, le vino por su gusto por la naturaleza. A los 14 años, Antonio Pérez Ruiz fue empleado en la serrería donde estaba su padre, una cooperativa de la que era socio. Su padre trabajaba en la sierra cortando árboles y Antonio solía acompañarlo porque le gustaba el contacto con la naturaleza. Pero, realmente, lo suyo era el fútbol. Fue jugador del Villacarrillo en Regional y fundó un equipo propio. Pero, circunstancias de la vida, en 1977 recaló por Villacarrillo un espeleólogo que era de allí, pero estaba afincado en Ronda, José Miguel Herreros Vega, y trajo consigo el amor por la espeleología. Antonio y un puñado de amigos se contagiaron de ese virus de una manera tan fuerte, que descartó definitivamente sus aspiraciones futbolísticas para hacer de la espeleología su deporte favorito. En 1978 entró, por primera vez en su vida, en una cueva. Y le fascinó. Se había preparado mental y físicamente para ello y la experiencia fue inolvidable. Desde entonces, cada vez que dispone de tiempo libre lo dedica a su pasión. Él fue uno de los miembros fundadores del Grupo de Espeleología de Villacarrillo que tantos éxitos andaluces y nacionales está consiguiendo. Mientras tanto, se gana la vida en la carpintería Hermanos Pérez Ruiz, que tiene junto con su hermano Francisco.

—¿Cómo le surgió la afición por la espeleología?

—Porque un vecino de Villacarrillo había creado un grupo de espeleología en Ronda y sabía que la provincia de Jaén tenía un gran potencial. Su idea era poner en marcha un grupo en Villacarrillo. Para ello, se puso en contacto con su hermano Alfonso Carlos Herreros, que era amigo nuestro. Ese fue el germen fundacional del grupo aquí. Fue a mediados de 1978. José Miguel nos trajo una cuerda y unos mosquetones para que empezáramos a practicar. Entrenábamos en la antigua vía del ferrocarril. En los túneles hacíamos rápel, para cuando encontráramos una sima poder bajarla. La primera cueva que exploramos la tenemos datada en abril de 1979. Nos vino muy bien todo el entrenamiento previo. Pero luego José Miguel regresó a Ronda y ya apenas lo vimos. Nos enseñó algunas cosas básicas, pero en todo lo demás he sido autodidacta.

—¿Había entrado antes en alguna cueva o sima?

—Nunca me había metido en ninguna. Pero una vez que empecé era algo que me encantó. Incluso soñaba con las cuevas y estaba deseando que llegase el domingo para meterme en una cueva o proseguir por donde lo había dejado. Empezamos a ver algunas cuevas que habían explorado otras personas. Entonces empecé a recopilar datos de todas las exploraciones que había habido en la provincia de Jaén. Eso me llevó en 2003 a escribir un libro, junto con mi hijo, de toda la recopilación de datos. Ese libro sigue aún vigente, porque es la historia de la espeleología en la provincia de Jaén. Están documentadas casi todas las exploraciones desde que, en 1953, vinieron los primeros espeleólogos a investigar.

—¿Cuántas cuevas y simas hay documentadas en la provincia?

—Yo tengo más de 600 descubiertas, exploradas y topografiadas con el plano de la cueva hecho por mí. Sé que han venido otros grupos y han visitado alguna cueva, pero no las tengo como exploradas por mí. Creo que en la provincia de Jaén puede haber en torno a 1.000 cuevas catalogadas.

—¿Cuando descubren una cueva dejan algún tipo de marca para que otros sepan que ha sido explorada?

—Al principio, cuando no había una normativa específica, según nos dijeron, se ponía unas letras con pintura en la boca, nunca dentro. Eran las siglas del grupo con un número. Posteriormente, la federación sacó un sistema de catálogo, que es una chapa. Pero las chapas hay gente que la cortan o le dan con una piedra y le quitan el remache... En Hornos hemos catalogado 120 cuevas de forma sistemática y cada una va con su chapa.

—¿En qué trabaja el grupo ahora?

—Estamos en el término de Santiago de la Espada recatalogando antiguas cuevas; también aparecen nuevas. Ahora, los GPS te dan la coordenada perfecta y si llevas la chapa la pones y, si no, no pasa nada. Quiero hacer una publicación de todas las cuevas del término de Santiago de la Espada y nos encontramos que buscando antiguas cavidades, que están publicadas y con coordenadas, pueden encontrarse a un kilómetro y sí no hay forma de dar con la cueva. Tanto las viejas como las nuevas que visitamos le ponemos coordenadas nuevas con el GPS, que te lleva justo a la boca de la cueva.

—¿Cómo se sabe cuándo una cueva no ha sido estudiada antes?

—Llegas a una cueva horizontal en la que no se necesitan medios, puede ser que no haya sido visitada. El otro día, un pastor nos dijo dónde había una sima, pero al llegar nos encontramos dos anclajes en la boca y otro a 5 metros, con lo cual alguien ya la había explorado. La llamamos la sima de la Historia, porque al lado de los anclajes nuevos había uno viejísimo. La debió explorar alguien hace décadas y se metió con sus propios medios, rozando la cuerda que debía ser de cáñamo y arrastrándose.

—¿Cómo detectan dónde puede haber una cueva?

—Nosotros, donde más estamos es en el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas. Esporádicamente, también vamos a otros sitios que nos dicen. Cuando es una zona de caliza lo ves. Pero, a veces, todo está cubierto de pinos. Hay relieves kársticos y dolinas que llaman la atención y puede ser que haya algo.

—¿Cuál es la sima más profunda que han investigado?

—Una que tenía 51 metros. Las demás tienen 7, 12 o 14 metros de profundidad. En Hornos hay simas de 80 metros.

—¿Ha padecido algún episodio de claustrofobia?

—Nunca, desde que empecé. Y todo el que ha venido le gusta y se mete o no le gusta y deja de meterse. Hay gente que la hemos llevado un día o dos y ya no ha venido más. Eran otros tiempos en los que queríamos captar adeptos y llevábamos a la gente incluso sin preparar. Es posible que alguno pasara un poco de miedo y dijera “ya no voy más, que estos me matan”. Pero al afición por meterte es superior a cualquier claustrofobia. Hace 14 o 15 años pusimos en marcha una escuela de espeleología en Villacarrillo, para niños y jóvenes. Nadie se mete en una cueva hasta que no está preparado técnicamente. De cara a la cueva ayuda mucho, porque sabe todas las técnicas y lo puedes meter en una sima.

—¿Desde que edades comienzan?

—Este año hemos tenido a una pequeña de 6 años y ha ido a un campamento que hacemos todos los años y se ha metido en una cueva de 80 metros de largo, muy bonita. Se entra muy fácil y no hay que colgarse.

—¿Cuál es la cueva más impresionante que han visto en la provincia de Jaén?

—La más bonita que yo he visto y la más grande, de la que acabamos de sacar un libro monográfico, es el sistema de la Murcilaguina.

—¿Porque le dicen sistema?

—Porque tiene dos bocas. Es una sima que se junta con la cueva. Tiene 5.100 metros y unas salas fantásticas. Es la segunda cueva de más recorrido de la provincia de Jaén.

—¿Cuál es la más larga?

—Una que está en el pantano de La Bolera. Tiene 8 kilómetros y aún está en exploración, pero han cortado el permiso. La recorre un río subterráneo y hay lagos, sifones... Llevamos 20 años explorándola. Hay que meterse con un traje de neopreno, pero el río, a 4 o 5 kilómetros de la boca, que ha dificultado las exploraciones.

—También han descubierto nuevos insectos para la ciencia.

—En 1953 vinieron unos científicos, de relevancia mundial, y descubrieron un insecto en una cueva. Nosotros seguimos su ejemplo. Lleva tiempo porque hay que poner unas trampas, se coge y se envía al especialista. Tenemos descubiertos más de 60 insectos desconocidos.

Descubren un pez autóctono

Uno de los últimos descubrimientos faunísticos del Grupo de Espeleología de Villacarrillo ha sido el de un pez híbrido, el “squalius alburnoide”, nacido de dos especies diferentes. Lo llevan investigando cuatro años. Si los peces de río tienen dos genes, este presenta cuatro. Eso le permite vivir aislado en la cueva y su reproducción es hermafrodita. Mide entra 6 o 7 centímetros y es blanco. Habita en cuevas con aguas profundas, pues suele permanecer sumergido a cinco metros de profundidad en lagunas subterráneas.