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sábado, 18 noviembre 2017
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URGENTE

“A raíz de la crisis se dejó de vacunar a muchos animales”

Aurora Carmona
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El pasado mes de septiembre, el Colegio de Veterinarios de Cádiz nombró “Colegiada de Honor” a la veterinaria alcalaína. Con ello se reconocían públicamente sus años de voluntariado y su labor en una conocida ONG

Natural de Alcalá la Real y afincada en Chiclana (Cádiz), es licenciada en Veterinaria Clínica por la Universidad de Córdoba. Aurora Carmona Hidalgo tiene más de 20 años de experiencia profesional en la atención de animales de compañía. Además, ha trabajado en programas de cooperación internacional, de educación para el desarrollo, de ecoagricultura y de soberanía alimentaria y género. De 2007 a 2015 fue presidenta de la ONG Veterinarios Sin Fronteras Justicia Alimentaria Global y ha realizado varias misiones institucionales en Guatemala, Bolivia y República Dominicana. En la actualidad, se dedica a su clínica veterinaria de Chiclana y trabaja como voluntaria de base en el grupo gaditano de Veterinarios Sin Fronteras (VSF). El pasado 30 de septiembre, el Colegio de Veterinarios de Cádiz, en su encuentro anual de colegiados, celebrado en Algeciras, la nombró Colegiada de Honor en reconocimiento a sus años de voluntariado y a la loable labor realizada en VSF Justicia Alimentaria Global.

—¿Qué tiene que ver la profesión veterinaria con ecoagricultura, soberanía alimentaria y demás?

—Hoy, por desgracia, se ve a la veterinaria como la medicina de los animales de compañía, pero es muchísimo más. En la asociación no solo estamos los profesionales de la veterinaria, sino que ha ido ampliando su base social. Hay un montón de veterinarios que se dedican a temas de producción animal, de ganadería, de alimentación, de cooperación, de educación, de investigación... Todo esto hace que, desde el ámbito de nuestra profesión, contribuyamos para un cambio social y de mentalidad.

—¿Qué significa el concepto soberanía alimentaria?

—Es un nombre complejo. El objetivo de nuestra organización es trabajar y defender el derecho a la alimentación para cualquier persona, en condiciones de sostenibilidad ambiental, social y cultural. Impulsamos un modelo agroecológico desde la producción, la transformación y el consumo responsable. Queremos que la gente viva de lo que produce y eso, ahora mismo, ni en Jaén ni en América Latina es posible por muchos de los abusos de las industrias que tenemos. Apoyamos a las organizaciones del campo que trabajan en esa línea. Defendemos las políticas y los impulsos para una agricultura familiar, frente a las grandes multinacionales. Hay algo que es muy importante para nosotros, como es visibilizar el trabajo que muchas mujeres hacen, no solo en el ámbito privado, sino también en el productivo, para eliminar las desigualdades que existen entre hombres y mujeres. Estas serían las grandes líneas maestras. Eso lo hacemos utilizando diferentes herramientas y campañas dirigidas a la concienciación que se extrapolan a diferentes continentes. En lugar de que la alimentación sea una mercancía, defendemos un modelo agroecológico sostenible, de personas arraigadas al territorio.

—¿Por se hizo veterinaria?

—Para mí es algo vocacional. Cuando tenía 12 años uno de mis hermanos, el mayor, José Manuel, trajo un cachorro de pastor alemán a casa. Yo nunca antes me había fijado en los animales. Un día, cuando el perro tenía seis meses, lo atropellaron. Aquello me impactó un montón y le rogué tanto a mi padre, que avisó un veterinario del matadero para que viniese a curar al perro. El veterinario hizo lo que pudo y el perro se salvó. Desde entonces decidí dedicarme a la veterinaria y a eso me dedico y soy muy feliz. No cambiaría mi trabajo por nada del mundo.

—¿Cómo ha afectado la crisis económica a su profesión?

—De una manera importante. A raíz de la crisis mucha gente dejó de vacunar a sus animales. Eso produjo repuntes de enfermedades, que dejaron de estar controladas.

—¿Qué opina de la subida del IVA al 21 por ciento en sus servicios?

—La nuestra es una profesión que se dedica al cuidado de la salud pública, donde hay enfermedades de declaración obligatoria y otras en las que el propietario está obligado a vacunar o a desparasitar, como pasa con la rabia. Tenemos un IVA en el que se pasó del 8 por ciento al 21 por ciento. Eso es una barbaridad. Nuestro servicio lo es también de salud pública. El encarecimiento del IVA repercutió en una subida de los precios. Una de las consecuencias de la crisis es que la gente no dispusiese de un dinero para cuidar a sus animales. Se dejó de vacunar y subieron las enfermedades. La bajada del IVA en vacunas como la de la rabia es una reivindicación de nuestro colectivo, pero no nos hacen caso. El 21 por ciento lo convierte en artículo de lujo.

—¿Cree que ha evolucionado la profesión de veterinaria de unas décadas atrás a como es hoy?

—Por supuesto. Yo soy veterinaria clínica. Si le preguntáramos a una persona de hace 60 o 70 años su concepto de lo que es un veterinario sería muy diferente. Yo recuerdo a los veterinarios de Alcalá la Real como profesionales ligados al matadero y a la producción en el campo, pero no a los animales de compañía. De hecho, no existían animales de compañía, ese es un concepto muy moderno. Me gusta reivindicar que esta es una profesión fundamental para la sociedad porque sirve para proteger a las personas a través del cuidado y salud de los animales, de las inspecciones alimentarias. Los veterinarios cuidamos a la sociedad. Es una profesión muy ligada a la vida social.

—¿Cómo surgió en usted el interés por el voluntariado y la cooperación internacional?

—Cuando estudiaba la carrera en la Facultad, en Córdoba, desde el principio estuve ligada a cargos estudiantiles de representación. Fui presidenta del Consejo de Estudiantes. Por entonces, comencé como voluntaria de base en una ONG de Justicia Alimentaria Global y aún continúo hoy.

—¿Qué le ha supuesto ostentar esas diferentes responsabilidades?

—He desempeñado cargos, pero para mí los cargos siempre han sido entendidos como un servicio a la comunidad, para volver después al sitio de uno. No es más. No te puedes quedar ahí. Cuando he tomado decisiones siempre han sido muy colegiadas. Ahora estoy muy bien, de voluntaria de base, con mi trabajo en la clínica, compaginándolo. Durante todo el tiempo que he ostentado la presidencia de Voluntarios Sin Fronteras he sido una voluntaria. Nunca he cobrado. He tenido que compaginar mi vida profesional con el cargo. Ahora sigo igual de ligada, pero estoy más tranquila. Mis ingresos vienen del ejercicio en la clínica veterinaria.

—¿Por qué decidió poner su clínica en Chiclana?

—Porque mi pareja es de aquí, de Cádiz. Él está totalmente ligado a la producción ganadera y al campo. Cádiz me gusta mucho, es una provincia muy bonita y la gente es encantadora. Pensé que era una apuesta interesante. Llevo aquí desde 2014. Pero yo siempre voy diciendo que soy de Alcalá la Real. Eso, para mí es muy importante, no solo porque mantengo mis vínculos familiares, sino porque es un pueblo que a mí me ha aportado mucho más de lo que yo, por desgracia, le he podido aportar, pues me fui a los 17 años y he estado fuera hasta hoy. Estoy muy orgullosa de ser alcalaína y también lo estoy de la provincia de Jaén.

—¿Cuáles son las consultas más habituales que le llegan?

—Los animales que vienen, por lo general, son perros, gatos y algunos pájaros, conejos y gallinas. Tengo la clínica en un barrio y el trato con las personas es muy dulce. No solo conozco a los animales, sino a las personas. Para mí, esos vínculos que se establecen son muy importantes.

—¿En alguna ocasión la han llamado de alguna granja para atender una urgencia?

—No. Yo solo trabajo en clínica de animales de compañía. Los animales de granja son otra especialidad.

—¿Cuáles son las enfermedades más habituales de los animales que le llegan a su consulta?

—Todas las prevenciones son muy importantes, tanto vacunaciones como desparasitaciones, pues evitan que se propaguen. La mayoría son derivadas de gastroenterología y dermatología, son las que más. También acuden de endocrino. Yo, en esto, sería lo que es una médica de familia.

Veterinarios Sin Fronteras

La asociación Veterinarios Sin Fronteras está formada por personas que rechazan el sistema agroalimentario actual y creen necesario un cambio. Consideran que el sistema agroalimentario oprime a las comunidades rurales y degrada el medio ambiente. Su objetivo es conseguir una sociedad justa, solidaria, equitativa y responsable. Apuestan por un modelo rural justo y una conciencia solidaria. Sus miembros se declaran ecologistas, aconfesionales, independientes, apartidarios y feministas.