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miércoles, 21 noviembre 2018
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URGENTE

“El Congreso es ahora mucho ruido y pocas leyes”

Enrique Rodríguez
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Lleva más de veinte años en el mundo de la información y, a día de hoy, es el jefe de información parlamentaria de la Agencia de Noticias EFE, que le permite estar en la primera línea de la actualidad política

Cuánto tiempo hace que se marchó de Jaén, su ciudad de nacimiento?
—Me trasladé a vivir a Madrid en 1991 para estudiar la carrera de Periodismo. Mis abuelos maternos vivían en la capital y, de ese modo, mis padres podían ahorrarse el pagar un colegio mayor o un piso de estudiantes. De las comiditas de mamá, pasé a las de la abuela. Además tuve la suerte de disfrutar de la compañía de mi abuelo durante sus últimos años de vida. Mi abuela falleció en mayo pasado, a los 103 años. Una mujer y un hombre excepcionales que, junto con mis padres, Miguel y María, siempre tengo presentes y son para mí un ejemplo de vida.

—¿Qué recuerdos conserva más nítidamente de su infancia y su adolescencia en Jaén?

—Como la mayoría de los niños de mi edad, me pasaba el tiempo en la calle. Mis juegos se desarrollaban entre las antiguas vías del tren, los descampados y olivares cercanos —lo que ahora es el Bulevar—, los “vicios” de Moisés y Las Batallas o el patio de mi colegio, los Maristas, donde jugaba al baloncesto. Los veranos los pasaba en el chalé de mis padres en el Puente Nuevo, entre baños en la piscina o buscando ranas en el Guadalbullón. En la biblioteca infantil del Parque de la Victoria comenzó mi gusto por leer todo lo que caía a mi alcance. Además de estudiar Piano y Solfeo en el Conservatorio de la Plaza del Conde, a partir de los doce o trece años comencé a salir al monte con amigos los fines de semana, y algo más mayor formé un grupo de jóvenes en la parroquia de la Merced, donde conocí a mi mujer, Olimpia. Mis amigos de entonces siguen siendo los mismos de ahora. En esto, la cita de Rilke no puede ser más cierta: “La infancia es la verdadera patria del hombre”.

—Sin embargo, no optó por la música como medio para ganarse la vida. ¿Por qué se hizo periodista?

—Lo tenía bastante claro desde muy pequeño. Leía sin parar, oía mucha radio. Debía de ser un poco repelente, porque veía el programa “La Clave”, de Balbín, o “Documentos TV”. A los catorce años montamos con unos amigos una emisora pirata de FM que se oía en todo Jaén. Poníamos música, contábamos noticias, resolvíamos los ejercicios de Matemáticas, nos reíamos... En fin, que la cosa se veía venir y era vocacional.

—De todos los campos informativos en los que ha trabajado, ¿cuál es el que más le atrae?

—Casi toda mi carrera la he desarrollado en la información política y parlamentaria, aunque durante cinco años estuve en una sección por la que todo periodista debería pasar y en la que más se aprende, la información de Interior, tribunales, sucesos y terrorismo.... La crónica parlamentaria es, para muchos, la cúspide del periodismo político. Yo tampoco diría tanto, aunque los últimos años han sido realmente apasionantes y he tenido la suerte de ser un testigo en primera línea.

—¿Quién es su referente periodístico, si es que lo tiene? ¿Quién le ha marcado en este oficio?

—No soy muy de iconos. No paro de aprender de muchos compañeros, comenzando por el equipo de EFE que me acompaña en el Congreso y que poca gente conoce, pero si tengo que citar a alguien, me gusta mucho Lucía Méndez, de “El Mundo”. Pocas mentes tan clarividentes y que escriban tan bien, tan claro y sencillo como ella.

—En tantos años como periodista vinculado a la información parlamentaria le habrá tocado firmar noticias políticas de calado...

—Veintiún años en el oficio dan para mucho. Pero, por fuerza, me ha tocado firmar algunas noticias de las que me siento satisfecho por su relevancia. Los atentados del 11M, el fin de ETA, la abdicación del Rey Juan Carlos, la proclamación en el Congreso de Felipe VI, la muerte de Adolfo Suárez, muchas campañas electorales, elecciones e investiduras y más recientemente, la moción de censura contra Mariano Rajoy.

—¿Cómo definiría su trabajo diario en el Congreso de los Diputados y en el Senado?

—Frenético e impredecible. A veces puedo calcular cómo va a empezar el día, pero nunca cómo acaba, y las jornadas son interminables. La agenda oficial del Congreso es casi siempre papel mojado, porque las convocatorias de última hora se suceden una tras otra. El Congreso se ha convertido en un plató de televisión las veinticuatro horas y hay que estar alerta todo el tiempo.

—¿Son accesibles sus señorías para los informadores que cubren la información en las Cortes?

—Accesibles sí. Cosa distinta es que aporten alguna información de valor. No hay espacios restringidos en el Congreso y los periodistas pueden circular libremente. No obstante intento mantener una máxima, y es que mi relación con las fuentes y, en especial, con los políticos sea estrictamente profesional. Después de tantos años, tienes más afinidad con unos que con otros, pero creo que la amistad entre un periodista y un político debe evitarse. En el periodismo político, deber favores se paga con la independencia.

—El conflicto en Cataluña, los problemas de corrupción... ¿Cómo ve el panorama político actual desde su puesto en la primera línea informativa?

—La política de hoy en día es puro teatro. El juego del gato y el ratón. Lo que pasa es que antes solo había dos contendientes, PP y PSOE, y ahora al menos cuatro, sin contar con los independentistas, que juegan su propia liga, pero revuelven el tablero. La aritmética parlamentaria es diabólica y sacar adelante una votación es un encaje de bolillos. Todos miran con el rabillo del ojo al de al lado y conforme se acercan las elecciones, mucho más. Llegar a consensos es prácticamente imposible. Se lanzan muchas propuestas no con la esperanza de que salgan adelante, sino con el que único objetivo de dejar en mal lugar al rival. El Congreso es ahora mucho ruido y pocas leyes.

—¿Hay mucha diferencia entre los políticos de hoy y los que estaban en activo durante su primera etapa como periodista?

—En esto me temo que no voy a ser muy original, pero honestamente creo que hay mucho menos nivel. Demasiado político profesional que ha trabajado muy poco fuera de la política. Pero no todo ha ido a peor. Antes se hacía la vista gorda ante determinadas actitudes, tanto en la vida política como personal, que ahora son impensables. La ejemplaridad es obligada, y eso es bueno.

—¿La inmediatez de la información en la actualidad, ¿cree que beneficia o, por el contrario, enturbia el trabajo del periodista?

—La inmediatez es buena, lo que no es buena es la precipitación. Y eso es lo que ocurre hoy en día. Se corre mucho y se contrasta poco. No se atribuyen fuentes, se cuentan rumores como noticias, se especula... En mi caso prefiero ser un poco más lento, pero más riguroso. Internet fomenta también el mal periodismo, porque permite ir corrigiendo en tiempo real, y eso es una trampa para el lector, que ya no sabe ni lo que lee. Y luego están las llamadas “fake-news”. Creo que el periodismo es el mejor antídoto contra las noticias falsas.

—De todas las noticias que ha dado a lo largo de su trayectoria profesional, ¿cuál le hubiese gustado no tener que hacerlo?

—Muchas noticias de atentados, en Madrid o en el País Vasco, donde en ocasiones me tocaba desplazarme. El 11M fue personal y profesionalmente terrible. Los peores días que he pasado en el oficio. El ambiente se cortaba con un cuchillo, pero los españoles dieron una lección de serenidad que, hoy en día, todavía me sigue impresionando.

—Y en su campo periodístico, la información parlamentaria, ¿qué noticia le gustaría tener la oportunidad de firmar?

—El acuerdo para una gran reforma de la Constitución aunque con la actual fragmentación política, lo veo muy difícil. A día de hoy, alcanzar el consenso constitucional del 78 es una quimera.

Una carrera intensa y reconocida

Estudió Periodismo en Madrid y, después de trabajar en Antena 3 Radio y en Radio Nacional de España, en1996 pasó a la Agencia EFE, donde ha desarrollado prácticamente toda su carrera profesional, casi siempre en la sección de política y parlamentaria. Rodríguez recuerda que, durante cinco años, se dedicó también a la información sobre terrorismo y sucesos. En 2011, la Dirección General de la Policía premió su labor. Actualmente ocupa el cargo de jefe de la información parlamentaria de EFE.