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martes, 15 agosto 2017
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URGENTE

“La sociedad conoce bien el papel de sus Fuerzas Armadas”

Ángel Castilla
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Comenzó a trabajar siendo niño, a los 9 años, en la carpintería de su padre en Linares. Un oficio que alternó con dos cursos en la Escuela Politécnica de Linares, hasta que decidió ingresar en la Academia General Militar de Zaragoza

Alos 20 años, en 1982, ingresó en la Academia General Militar, tras estudiar los dos primeros cursos de Ingeniería Técnica Industrial en la Escuela Universitaria Politécnica de Linares y trabajar en la carpintería de su padre, desde que tenía 9 años. Tras cinco cursos de carrera, su primer destino como teniente de Infantería fue un regimiento que entonces se repartía entre La Línea de la Concepción y San Roque. Dos años después cambió su destino a Ronda, al IV Tercio de la Legión, donde, tras ascender a capitán, pasó otro par de años hasta su traslado a Castellón. Allí estuvo tres años en el Regimiento Tetuán 14 y, en verano de 1995, llegó por primera vez a Melilla, al Grupo de Regulares número 52. Comenzó el curso de Estado Mayor en 1998 y fue destinado a Granada como comandante, a la Subdirección de Doctrina. Pasó siete años en Granada, con un paréntesis de seis meses en Bosnia. A finales del 2005, ascendió a teniente coronel y tomó el mando del Grupo Logístico X en Cerro Muriano. A los tres años cesó en el mando de este grupo y realizó su segunda misión internacional, en Afganistán. En 2011, al volver de Kabul, fue destinado al Cuartel General del Eurocuerpo, en Estrasburgo. Al finalizarlo ascendió a coronel y se le dio el mando de su añorado Grupo de Regulares de Melilla. Con una parte de esa unidad comenzó su tercera misión, esta vez en Irak, donde permanece desde noviembre de 2016. Al llegar a Irak fue ascendido a general con carácter eventual, es decir, solo mientras dure la misión. Cuando regrese a Melilla recuperará su anterior empleo de coronel. Tras la formación como oficial de Infantería, se diplomó en Estado Mayor, en mando de paracaidistas, en formación de conductores y en cooperación cívico-militar, además de realizar los cursos de montaña. Habla Inglés y Francés. Posee las condecoraciones militares habituales de los oficiales con tantos años de servicio, algunas multinacionales y extranjeras y una civil al mérito policial, a la que le tiene mucho cariño. Se casó muy joven con María Jesús, una bilbilitana con la que tiene tres hijos: Ángel, Andrés y María Jesús. El mayor de ellos, es militar.

—Tantos cambios de destino en su carrera ¿cómo le han afectado a usted y a su familia?

—A pesar de tantos destinos puedo decir que nunca he estado fuera de casa, pues mi familia me ha acompañado siempre, allí donde he ido, y han hecho de mi carrera militar una aventura para sus vidas.

—¿Qué le llevó a hacerse militar?

—Realmente no lo sé. No recuerdo haber deseado nunca ser otra cosa. En Linares no había guarnición militar, salvo el ya desaparecido polvorín de Vadollano, pero no recuerdo nunca haber visto uno solo de sus soldados durante mi niñez. Creo que por entonces no había ningún estímulo a mi alcance, salvo aquellos programas de “Por Tierra, Mar y Aire” que se emitían en TVE o aquel famoso eslogan de “La Marina te llama”. El caso es que, desde pequeño, cuando los clientes de mi padre me preguntaban si yo seguiría con la carpintería, yo siempre les respondía que no, que yo sería militar. Ellos, incluido mi padre, me jaleaban la idea pero, en realidad, no sabíamos nada sobre ello. Mi padre había hecho su servicio militar como cartero en una base aérea. Para él no había más alternativa que el “reenganche” al acabar mi servicio militar, cuando lo hiciera. Mientras tanto... ¡a la carpintería! La casualidad hizo que mi profesora de historia en el instituto, Ana María Caruana, hija de militar, encargara unos muebles a mi padre y, mientras los montábamos en el salón de su casa, ella nos iluminó el camino hablándonos de la Academia de Oficiales y de que no era algo tan inaccesible para el hijo de un carpintero como mi padre pensaba. Me consta que ella sigue en Linares y le envío mi agradecimiento por su apoyo y mi más afectuoso recuerdo.

—Por lo que comenta, no parece que otros miembros de su familia hayan sido militares. ¿No es así?

—Mi padre, como ya he dicho, era carpintero; mi abuelo minero y el resto de mi numerosa familia se repartía entre mineros, artesanos y comerciantes. Sé que mi madre tenía un tío que permaneció en el Ejército hasta retirarse como teniente, pero nunca lo conocí. Yo soy el único de mi generación pero ya hay un par de ellos en la siguiente, entre ellos el mayor de mis hijos.

—¿Cómo ve hoy la relación de la sociedad española con su Ejército?

—La relación es cada vez más positiva. A ello han contribuido, sin duda, las varias décadas de participación de las Fuerzas Armadas españolas en operaciones multinacionales y a la buena imagen que de ellas se ha proyectado a través de los medios.

—¿Cree que sería necesario potenciar algún aspecto?

—La sociedad conoce cada vez mejor el papel que sus militares juegan en defensa de la paz y estabilidad internacional y, por ende, en la seguridad de todos los españoles. Y ahí es, precisamente, donde creo que aún quedan esfuerzos por hacer, en la potenciación de una cultura de defensa que conciencie a todos los ciudadanos españoles de los riesgos a los que se enfrenta cada día el estilo de vida que defendemos, los peligros que acechan a la libertad, el bienestar o el progreso y los medios necesarios para preservarlos. Esta cultura debe concienciarnos de que la defensa de los valores y los intereses nacionales atañe a todos los españoles. A los militares nos corresponde materializar esta defensa poniendo cara al esfuerzo de todos, desde las situaciones más satisfactorias, como cuando se trata de socorrer en emergencias, hasta las más dramáticas, como combatir a los fanatismos más exacerbados.

—¿Cómo valora el grado de formación y preparación de los militares españoles y de los soldados profesionales en particular?

—Los militares españoles gozamos de un prestigio reconocido internacionalmente, consolidado a través de muchos años de participación en operaciones junto a militares de todo el mundo y en las que destaca la excelente formación de todas las escalas. También nuestra mentalidad abierta, nuestro particular enfoque de las relaciones personales y el profundo respeto hacia todos aquellos con los que interactuamos, nos hacen ser queridos por todos y siempre buscados por los aliados como socio fiable y eficaz. Cada escala posee, además de la cualificación militar necesaria, la preparación genérica correspondiente a los respectivos grados de formación profesional y universitaria del sistema educativo general. Es habitual el dominio de idiomas, al menos inglés y, muy a menudo, también otros como francés, alemán o árabe. Muchos, incluidos los soldados profesionales, han cursado carreras superiores e incluso doctorados. En este marco, el soldado profesional no desmerece al resto. La responsabilidad con la que asume sus cometidos, muchas veces por encima de sus obligaciones, y la eficacia con la que se desenvuelve en las operaciones multinacionales, despiertan a menudo la admiración de nuestros aliados.

—¿Qué clase de misión realizan?

—La misión es la de adiestramiento a las fuerzas de seguridad iraquíes para que puedan oponerse con eficacia al Daesh. En concreto, se mejora la preparación de las unidades del ejército y policiales que se ponen bajo nuestra tutela. Se les proporciona armamento y equipo necesario para la misión que deben cumplir y se les enseña su manejo, de forma individual y a combinar adecuadamente sus capacidades, de forma colectiva. Además, se organizan e imparten cursos para oficiales y suboficiales, proporcionándoles los conocimientos tácticos y técnicos que refuercen su capacidad de liderazgo.

—¿Qué relación mantiene usted con Linares?

—Menor de la que me gustaría. Perdimos a mis padres, hace años, pero los cinco hermanos conservamos abierta la casa familiar. Cuando vivía lejos y visitaba a mis padres, nos quedábamos varios días. Desde que tenemos en Granada el “cuartel general” no solemos quedarnos a dormir. Dos de mis hermanos viven en Linares de forma permanente y los otros dos de forma esporádica. Aunque me desconecté bastante de mis amigos habituales cuando me fui a la Academia, con las redes sociales he vuelto a recuperar a muchos de ellos.

Día a día en una misión externa

El contingente español, en el que se integran también militares portugueses, británicos y americanos, además de personal civil, es muy heterogéneo en su composición y cometidos. Con el sol se levantan todos y comienza una actividad frenética. Los ingenieros trabajan en la ampliación y mejora de la base; los adiestradores de las fuerzas iraquíes y el personal de seguridad, proporcionan cobertura a unos y otros. Hay personal de la guardia, de mantenimiento de la base... Unos y otros no paran en todo el día.