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lunes, 16 octubre 2017
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URGENTE

Por el camino del corazón

La educadora jiennense Nazaret García acaba de participar como cooperante de un proyecto que la Fundación Mensajeros de la Paz lleva a cabo en una comunidad de exguerrilleros del FMLN de El Salvador. Allí, la fundación se hace cargo de la alimentación de escolares y de la sanidad

A veces, la mejor manera de apreciar lo que se tiene es levantando la vista para mirar fuera y poder comprobar que, en esa inmensidad que es el resto del mundo que se extiende varias leguas más allá de nuestro ombligo, existen otras realidades, a veces, inimaginables. Si Paul Eluard nos descubrió con su máxima que hay otros mundos, pero están en este, siempre quedan personas a las que les arde el deseo de conocer e ir más allá para comprobar con sus propios ojos, si se me permite el pleonasmo, que el ser humano es algo sorprendente, imprevisible y fascinante.

Prácticamente desde su adolescencia, Nazaret García, educadora del Centro de Menores de Las Lagunillas de Jaén, sintió la necesidad de aportar su granito de arena para ayudar a personas que viven sus problemas, rutinas, tragedias y carencias en otras latitudes. El pasado verano supo que había llegado el momento y se puso en contacto con Julio Millán, jiennense y presidente de la Fundación Mensajeros de la Paz, y se ofreció para trabajar, durante un mes, en alguno de sus proyectos por esos mundos de Dios. Julio Millán le propuso trabajar en la escuela infantil (kínder) de la comunidad “Dimas Rodríguez” del municipio de El Paisal, en El Salvador, integrada por antiguos miembros de la guerrilla salvadoreña del frente Farabundo Martín de Liberación Nacional (FMLN) y sus descendientes. Allí estuvo desde el pasado 29 de agosto hasta el 29 de septiembre, justo un mes.

“Ha sido una experiencia maravillosa, que creo que todo el mundo tendría que vivir al menos una vez en la vida para poder apreciar lo que tenemos aquí y en el mundo en el que vivimos”, comenta la cooperante jiennense.

Lo que más le impactó fue la situación de las mujeres, madres de dos, tres, cuatro o más hijos de padres diferentes, pues es en ellas en las que recae todo el peso para sacarlos adelante. De hecho, la mujer, en ese tipo de comunidades, suele tener la voz cantante, es decidida y lleva el peso de trabajo. En El Salvador los hijos de padres picaflor son una carga más que se le endosa a las mujeres, ya que está socialmente aceptado y establecido que los varones, si así lo desean, se desentiendan de las criaturas.

“Es triste ver cómo las mujeres tienen asumido que a los hombres no se les denuncie por no pasarle la manutención de sus hijos y que el Gobierno salvadoreño no haga nada al respecto. Cuando se produce alguna denuncia, al padre se le condena al pago de 40 dólares, una cantidad que allí resulta insignificante, porque la vida es el doble de cara que en España. Allí, el sueldo medio es de 300 dólares y dan para muy poco”, aclara la cooperante.

La otra cosa que más impactó a Nazaret García es que cada vez que acudió a la capital, San Salvador, se topó con algún muerto en las calles, personas asesinadas por las maras o pandillas, unas bandas de delincuentes que allí, como en México y otros lugares, las llaman clica, y donde para adquirir la condición de miembro, el candidato tiene que estar avalado por un asesinato. Una realidad que todos, Gobierno, policía y ciudadanos, silencian y hacen la vista gorda.

Proyecto. La comunidad “Dimas Rodríguez” está formada por exguerrilleros del FMLN, a raíz de que se firmase el acuerdo de paz en 1994. Hoy son unas 150 personas las que conforman esa comunidad que pertenece al municipio de El Paisnal, que suma, entre las distintas comunidades que están desperdigadas por el territorio, unas 14.000 almas.

El proyecto de la Fundación Mensajeros de la Paz es el envío de fondos para sanidad y para que los niños de “Dimas Rodríguez” puedan comer cada día. “El origen del proyecto —explica Nazaret García—surge a raíz de que Marga Orozco, una granadina que hacía voluntariado en El Salvador, conociese la situación de esta comunidad, cuyos habitantes vivían en casas de adobe y paja. Pero allí llueve todos los días torrencialmente y las viviendas se deshacían con el agua. Marga se puso en contacto con Mensajeros de la Paz y enviaron ayuda para poner techos de chapa en las viviendas para protegerlas del agua torrencial. Eso permitió dar un salto en la calidad de vida de estas personas”.

Cuando la cooperante jiennense llegó a “Dimas Rodríguez” sus habitantes la esperaban entusiasmados y le hicieron un gran recibimiento, con una fiesta al aire libre en la que participaron niños y mayores.

A Nazaret García le sorprendió el papel activo, protagonista y decisivo de las mujeres. Muy diferente al que desempeñan en otros países. “La mujer tiene un papel muy importante porque muchas de ellas, las de más edad, proceden de la guerrilla y ese hecho sigue latente y tiene un peso social”. Cuando se firmó la paz los guerrilleros entregaron las armas y se fueron asentando por familias. Cada comunidad se va ampliando con el paso de los años con los nacimientos que se suceden. “Mi labor allí ha estado volcada en la formación de los niños del ‘kinder’, pero he intentado hacer de todo y volcarme con algunos de los proyectos. El Salvador es un país en el que hay muchísima violencia y lo que hacen es concienciar a los niños para que se formen y no entren cuando sean adolescentes en las maras de la delincuencia. Hay muchos proyectos para intentar reconducir una realidad generalizada”, aclara Nazaret García. En todo momento, ella se ha sentido protegida por una comunidad a la que se respeta por su pasado guerrillero. Pero cada vez que salía fuera percibía un ambiente de violencia. “Cuando he ido a la capital he presenciado alguna muerte por asesinato. Allí impera la ley de las clicas o pandillas. No sé por qué no utilizan la palabra mara para referirse a esos grupos de delincuencia. Pero allí este es un tema tabú, Se les tiene tanto respeto y están tan latentes que nadie habla”.

Su labor de cooperante comenzaba por la mañana en la escuela. En ella, los niños comen cada día y, por la tarde, Nazaret los instruía en hábitos de higiene y otros aspectos relacionados con la formación integral de los pequeños. El “kinder” lo puso en marcha la granadina Margarita Orozco porque los niños no tenían posibilidad de ir a la escuela. Este proyecto lleva ya dos décadas largas. “Una semana antes de volver a Jaén estuve en la graduación de una antigua alumna de la guardería, Marisol Bonilla, que ha acabado la carrera de Filología Inglesa y hoy es la presidenta de la comunidad. Tiene 23 años y es la primera graduada de la primera promoción della escuela”. Además de su trabajo en este “kinder”, Nazaret García ha cooperado con la asociación que Mensajeros de la Paz tiene en San Salvador para niños con necesidades especiales: “Son niños que van en silla de ruedas. El trabajo con ellos me ha marcado, porque nunca antes había estado en contacto con niños así y son super bonitos. No me puedo explicar como logran transmitir tanto en forma de cariño. Para mí ha sido una experiencia increíble”. También la climatología dejó su huella en el bagaje personal de Nazaret García: “Todos los días, a primeras horas de la tarde, se producían lluvias torrenciales que, a veces, duraban hasta el día siguiente. Para colmo, me cogió allí el huracán Irma”. Ahora, la jiennense está inmersa de nuevo en su trabajo en el Centro de Menores, sabedora de que esa experiencia le cambió su forma de ver la vida.

“Creo que todo el mundo tendría que vivir una experiencia como cooperante”

Sorprende
el papel tan decisivo y fundamental de las mujeres en estas comunidades campesinas

“Cada vez que visité la capital vi
a alguna persona muerta, asesinada por las maras”