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URGENTE

Una labor arriesgada

El apogeo del sector de la minería supuso un crecimiento importante en ciduades como la de Linares, pero las condiciones para los trabajadores, también afectados por enfermedades, no eran del todo las más aceptables
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26/03/2017

Los trabajos mineros en la provincia de Jaén están documentados por la arqueología desde la más temprana antigüedad, tal y como explicó el Archivo Histórico Provincial a través de su “Documentos del mes”, titulado “Accidente en la mina”.

Después de un largo periodo de declive de la actividad, durante el siglo XIX se reactiva con fuerza el trabajo en el sector, primero en la zona de Linares y después en la de La Carolina. El impacto económico, social y demográfico sobre la zona minera de Jaén fue muy importante. Llegaron muchos trabajadores desde otros lugares de la provincia, pero también del resto de Andalucía y de España, como queda reflejado en los Libros de Personal y de Nóminas de las empresas mineras, que se conservan en los archivos. La población de ciudades como Linares se incrementó considerablemente.

Pero frente a ese esplendor, las condiciones de trabajo en las minas, a pesar de los adelantos tecnológicos, eran difíciles, sobre todo, en su interior. En 1897, el Reglamento de Policía Minera encomendó al Cuerpo Nacional de Ingenieros de Minas la inspección y vigilancia de las explotaciones mineras, y en su artículo 2 dice que se extiende “a la seguridad de las explotaciones y a la conservación de la vida y la seguridad de los obreros”.

Después de cada accidente grave que sufría un trabajador de una explotación minera, la dirección de la empresa estaba obligada a dar aviso a los ingenieros de la Jefatura Provincial de Minas de Jaén, que se desplazaban hasta la instalación para informarse de las circunstancias del accidente y levantar acta de sus posibles causas, que a menudo eran inevitables o bien se debían a la imprudencia de los propios trabajadores. Si había deficiencias en las instalaciones, debían subsanarse por parte de la empresa. Estos Expedientes de Visita de Policía Minera, que se conservan en los archivos, son documentos de primer orden para conocer la realidad del duro trabajo que realizaban los mineros.

El de San Vicente no fue el primer accidente ocurrido, ya que, según explica Julio Lardín, se recuerda uno, a finales del siglo XIX, en el que fallecieron más de 15 trabajadores entre el pozo Acosta y la Restauración. En ese caso, el agua que descargó una gran tormenta les dejó atrapados. Por su parte, el último fue el registrado en el pozo “El Cobre” de la Mina “La Cruz”, donde fallecieron Francisco Martínez y Rafael Bernabé, con 33 y 26 años, en el año 1984.

Otro aspecto, junto con el de la seguridad y las condiciones de trabajo, que influía en la calidad de vida de los mineros en Jaén, era la incidencia específica que sufrían de determinadas enfermedades que hoy serían profesionales. Principalmente dos: la anquilostomiasis y la neumoconiosis o silicosis. De su incidencia queda constancia documental en las fichas médicas de los mineros, que se conservan también en los archivos históricos.

El último accidente registrado fue en 1984 en el pozo “el cobre” de la mina “la cruz”

Cástulo, un referente

La ciudad ibero-romana de Cástulo, cercana a Linares, tuvo un gran desarrollo por su privilegiada situación y el control de los recursos mineros de la zona. De hecho, en esa época ya existían trabajadores especializados en explotar los recursos mineros del entorno, auténticos mineros, de cuyo trabajo queda constancia arqueológica en los hallazgos de los túneles y galerías donde laboraban y los instrumentos de los que se valían. La dureza del trabajo en estas explotaciones mineras era enorme, por el gran esfuerzo que tenían que desarrollar, las penosas condiciones ambientales en las que trabajaban y la peligrosidad del trabajo.

Las claves del sector

Una legislación favorable a la llegada de capital extranjero, la aplicación de nuevas tecnologías en el trabajo desarrollado por los mineros y una gran demanda de metales por parte de la industria internacional fueron las claves para que, siglos después de su desarrollo en la antigua ciudad iberorromana de Cástulo, la minería tuviera un nuevo apogeo. Y el fortalecimiento del sector hizo que ciudades como la de Linares multiplicara su población, contara con comunicaciones por ferrocarril y tranvía, e incluso con embajadas de países extranjeros. La industria tomó el relevo de la minería con empresas como Santana Motor.