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URGENTE

“Estoy muy agradecida de recibirlo en mi tierra”

FANNY RUBIO
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29/11/2018
Con raíces parentales en Lupión, pero con Linares en lo más profundo de su corazón, la polifacética escritora Fanny Rubio ha recibido hoy un reconocimiento de la Universidad de Jaén a través del Proyecto Natural de Jaén. Muy agradecida y contenta por ver cómo valoran toda una trayectoria ligada al universo de las letras en su tierra, dice sentirse como en casa

Amante y profesional de las letras, no se cierra las puertas a nada. Ensayista y poeta, entre otras cosas, es catedrática de universidad, investigadora y escritora. A fin de cuentas, se puede decir que es una todoterreno que, además, es experta en poesía contemporánea. Fanny Rubio recibe hoy, por su trayectoria en lo referente a la creación literaria, un reconocimiento que le otorga la Universidad de Jaén a través del Proyecto Natural de Jaén. ¿Ella? Contenta y agradecida de recibirlo, y más, si se lo dan en Linares, una ciudad que ama y lleva dentro allá donde va.

—¿Qué supone que una institución como la Universidad de Jaén reconozca su trayectoria?

—Mucho. Al fin y al cabo, la de Jaén era la universidad que me correspondía. Cuando me fui a estudiar, mi distrito era el de la provincia de Granada e iba en un autobús con mis compañeros en busca de nuestro distrito. Todos juntos hacia lo desconocido, era el momento en el que íbamos a madurar con una titulación y escogiendo una carrera, con la duda y la inquietud de que a lo mejor no acertábamos, de si nos cambiaríamos de especialidad o no. Un momento emocionante para una muchacha de 17 años. Teníamos miedo, íbamos a los mismos colegios, nuestros padres no nos dejaban en hostales ni pisos y estábamos en residencias. Me hubiera gustado mucho vivir todo eso en Jaén porque habría estado más cerca de mi familia y porque estar en Jaén hubiera sido como no haber salido de mi tierra. Pero no pudo ser, por lo que ahora, a través del Proyecto Natural de Jaén, recuerdo todo esto. Lo recordamos todos con mucha nostalgia, puesto que la Universidad de Jaén era la que nos pertenecía en realidad, pero la disfrutaron los que vinieron detrás de nosotros. Al fin y al cabo, 25 años de actividad dan para que ya haya generaciones.

—La de Jaén, como dice, es una universidad muy joven. No obstante, está consiguiendo muchas cosas, ¿no lo cree así?

—Exacto. Y eso me parece muy interesante. Yo he ido alguna vez como miembro de tribunal a las presentaciones de tesis o, en la provincia, a otras actividades como los Premios Literarios que organiza Diario JAÉN y la verdad es que me siento muy a gusto porque es como no haber salido nunca de mi entorno. No porque no me guste viajar, que soy una nómada, estoy siempre de un país a otro, de una ciudad a otra o de una universidad a otra, pero sí que se siente bonito cuando estás en Jaén. Son muy agradables esos momentos de intimidad y calor que se sienten solo aquí. Por eso agradezco tanto y estoy muy contenta porque me haya tocado a mí habiendo tantísimas personas que lo merecen, que trabajan bien tanto dentro como fuera de la provincia y en todas las profesiones. Por lo tanto, estoy doblemente agradecida con esto.

—¿Le hace especial ilusión que se lo entreguen en Linares?

—Ya sabe que Linares es especial siempre porque como linarenses hemos tenido una historia muy compleja. Históricamente, es una ciudad muy puntera y, a nivel industrial, fue alucinante en el pasado. Socialmente, muy “de piña”. Linares es muy creativa y con mucho folclore. Ahí tenemos, por ejemplo, a Carmen Linares. Es una ciudad, también, con una vida festiva increíble y todo eso lo he vivido en mi infancia a pesar de que mis padres fueran de Lupión, donde vi el mundo rural. La gran suerte que tuve fue que mi padre tenía una tienda en Linares y, por tanto, las puertas de mi casa y de la tienda estaban siempre abiertas. Para mí era un chorro de vida, puesto que allí entraban personas de todas las clases sociales, todas las voces, sobre todo femeninas, la gente con sus emociones, algunos más contentos y otros más tristes, niños que eran huérfanos, gente más acomodada. Realmente, tener ese mostrador era como si me hubiera tocado la lotería. A mí no me dejaban salir, pero solo esa sensación de tener la puerta abierta y de que todos estuvieran allí me daba una riqueza en los oídos que no soñaba que una niña como yo pudiera tener todas esas experiencias audiovisuales. Eso fue como el cine antes de que se inventara, la televisión antes de la televisión o los programas de debate antes de que se crearan. Para mí fue un tesoro ser la niña de un tendero y, a fin de cuentas, eso era Linares, el barrio del Paseo, de los toros, de las tascas, de la circulación, de los primeros equipos de deportes en San José, de la feria. Realmente, era una fiesta todo el tiempo. Para mí, poder ver todo eso significaba que me había tocado el hada de la suerte, por lo que especialmente contenta de recibirlo en Linares.

—Dicen que es complicado ser profeta en la tierra de uno, pero a la vista está que usted lo ha conseguido, ¿cómo se siente?

—El caso es que nunca pretendí ni aspiré a seguir un camino que fuera unidireccional, que habría sido la mejor manera de ser la profeta oficial, pero yo es que he hecho siempre laberintos, tanto en mis viajes como en lo que tiene que ver con mis publicaciones. He sido una figura polivalente, que es como llaman los arquitectos a esos edificios modernos que lo mismo sirven de aulario que de salón de actos o campo para las prácticas deportivas. Me la jugué escribiendo poesía y narrativa, también teatro, opositando para ser catedrática. Y digo que me la jugué porque he creado muchas líneas paralelas. Es cierto que en la tradición que a mí me gusta empecé trabajando a Dámaso Alonso, a Miguel de Unamuno, a Antonio Machado, que lo mismo escribía un poema que daba una clase, o a María Zambrano. Es decir, mi gente, los que yo he leído desde pequeña, eran como yo quería ser de mayor. Jaime Siles, Guillermo Carnero... Aunque eso no era lo normal. Lo común era ser un erudito desde pequeñito o que fueras novelista desde chica y nada más porque, como decía Cela, la gente no aceptaba que tú hicieras dos cosas, y si encima eran tres o cuatro, pues fíjate... No soy una figura unidimensional porque mis modelos eran, por ejemplo, Umberto Eco, que fue profesor y novelista, o Vargas Llosa. En ellos me fijaba y, en ese sentido, que reparen en mí para este reconocimiento significa que reparan en mi polivalencia y no les ha parecido tan mal que hagamos más de dos trabajos por el precio de uno como les podía parecer a otros, y la verdad es que yo lo hago con muchísimo gusto. Para mí es una gran satisfacción.