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miércoles, 28 junio 2017
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URGENTE

La leyenda histórica de
La Atlántida y la primigenia Jaén

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    Cuando, a finales del pasado siglo, el escritor Georgeos Díaz-Montexano, asesor de atlantología histórico-científica para James Cameron y Simcha Jacobovici y presidente emérito de la SAIS, se percató del asombroso parecido que presentaban la capital de la Atlántida y Marroquíes Bajos, en cuanto a un mismo diseño urbanístico circular concéntrico trazado casi al compás, con fosos que canalizaban agua alternándose con espacios inter-fosos, no fue capaz de imaginar la gran repercusión que traería años después. En poco tiempo algunos de los mayores medios de prensa se hicieron eco de su hipótesis sobre aquella primigenia Jaén y, más tarde, el mismo James Cameron aceptó su propuesta de incluirla en el primer documental de una serie sobre la Atlántida.

    Poco después de las primeras publicaciones de Díaz-Montexano otros destacados autores jiennenses abrazaron la hipótesis. El primero en acogerla de buen grado —en dos de sus libros— fue el célebre escritor jiennense Juan Eslava Galán. En 2008 Francisca Hornos Mata, Narciso Zafra de la Torre y Marcelo Castro López, tres de los más destacados arqueólogos jiennenses, también mencionaron la similitud con el diseño de la capital de Atlantis en una importante publicación científica, pero sin aprobar la hipótesis. En 2009, el escritor Luis Lucena Canales desarrolló una versión diferente de la hipótesis de Díaz-Montexano, proponiendo que Marroquíes Bajos fue el referente usado por Platón para describir la capital de Atlantis, y no como sostiene Díaz-Montexano, que fuera una importante ciudad o capital del interior de la misma civilización atlántica que los sacerdotes egipcios describieron a Solón. Una ciudad hermana de la metrópolis de la isla Atlántida, tal como se expone en el reciente documental de National Geographic, “El Resurgir de la Atlántida”, producido por James Cameron y dirigido por Simcha Jacobovici.

    José Torres Fernández, otro importante investigador y escritor jiennense, que también se interesó por la hipótesis, piensa que la teoría que presenta el documental está bien documentada y es bastante probable. “Como ya expuse en el último capítulo de mi libro “El Dragón de Jaén” (2009), Marroquíes Bajos y el antiguo Jaén en general pudo ser una ciudad destacada de la civilización de la Atlántida, aunque no su capital, pues no está junto al océano Atlántico, una de las condiciones que explicó Platón...”, señala Torres Fernández.

    ¿Fue inscrito el nombre de la isla Atlantis en el barranco de El Toril en Otíñar?

    En el Barranco de El Toril (o del Estoril), también conocido como Barranco de La Tinaja, en Otíñar, se grabaron varios conjuntos de símbolos circulares concéntricos que Díaz-Montexano piensa que podrían ser representaciones de poblados del Calcolítico con el mismo patrón circular concéntrico. “En cuestión de interpretación de símbolos antiguos grabados o pintados en cuevas, nadie puede sentar cátedra” —puntualiza el atlantólogo— Estos símbolos, a su vez, estarían relacionados con el elemento acuático y, por ende, con una divinidad de las aguas, de las fuentes, arroyos, ríos, lagos, etcétera. La misma divinidad que Solón tradujo desde las fuentes egipcias por su equivalente griego, Poseidón.

    En 2010, Lucena Canales propuso que en el mismo abrigo de El Toril había una inscripción que se podía relacionar con el nombre de Atlas. Las escrituras y las lenguas antiguas constituyen la principal especialidad y pasión de Georgeos Díaz-Montexano, quien ya cuenta con más de treinta años de experiencia y muchas publicaciones. Realizó un análisis epigráfico-lexicológico de la misma y demostró que se trataba de una inscripción púnica tardía de tránsito al neopúnico, donde claramente se puede leer, de derecha a izquierda, mg, “para hacer magia”, “para practicar las artes mágicas” o “consagrado por un mago”. ¿Evidencia de un desconocido y misterioso ritual cartaginés?

    Pero aunque Lucena Canales había errado en la identificación de la inscripción, acertó en la idea. El mismo Díaz-Montexano se percató de que a unos pocos metros a la derecha, junto a un símbolo de círculos concéntricos con posible canal central (símbolo de la capital de Atlantis), fueron grabados tres signos que se hallan presentes en las escrituras tartessia e ibérica meridional (pero con un aspecto más arcaico) y que se corresponden nada menos que con los signos que representan la vocal A, la sílaba Ta y la consonante L, o sea, ATAL. Escritos de derecha a izquierda, como era habitual en ambos estilos. Al haber sido inscritos casi en espiral se pueden leer de manera continua —empezando siempre por el signo superior y a la derecha— lo mismo como ATAL que como ATALA.

    La inscripción está muy desgastada por la erosión y por lo que, a todas luces, parece el paso de muchísimo tiempo, y presenta la misma pátina que cubre a los cercanos círculos concéntricos. Sin la menor duda es mucho más antigua que la neopúnica señalada por Lucena Canales, cuyos trazos aún se aprecian profundos, bien visibles, y poco erosionados. ¿Podría tratarse de la versión indígena íbera del nombre de la isla Atlantis que en el Critias de Platón se dice había derivado del nombre del rey Atlas? ¿Es mera coincidencia fortuita que justo encima —con el mismo aspecto de erosión y pátina— se aprecie un símbolo de tres círculos (o fosos) concéntricos con un posible canal central, similar al diseño de la metrópolis de Atlantis?

    Que juzgue el culto lector.