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domingo, 09 diciembre 2018
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Escribo este artículo muchos días antes de saber el resultado de las elecciones. Hago un inciso para manifestar que no he visto ningún debate y que me pongo la radio cerca para apagarla en el momento en que oigo sus voces intentando convencerme, ¿de qué? Todo es lo mismo, no hay nada que entusiasme. Las promesas rimbombantes taladran los oídos para quedar en papel mojado la mayoría de las veces. Pasan los años y a nuestra querida Andalucía, que es la Bella Durmiente, la dejamos que duerma. De vez en cuando interesa que despierte para que nos vote, pero que no se despabile mucho vaya a ser consciente del panorama y termine por hartarse. No tiene que perder la esperanza y quizá, pasado el tiempo, deje de ser la tierra del paro. ¡Qué castigo! Los que tienen aposentadas sus nalgas o posaderas en el sillón del escaño deben haber aprendido después de tanto tiempo que no tienen que ofertar paro para las clases humildes. De lo que tienen obligación es de procurar que no lo necesiten. A ver si deben pasar cien años para levantar cabeza. ¿Hasta cuándo vamos a ser la Andalucía limosnera ninguneada y criticada? ¿Qué importan los resultados? No tardéis en repartiros el poder; es lo que interesa.